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MEDICINA TRADICIONAL MEXICANA. BIBLIOTECA DIGITAL

Me ha parecido interesante publicar el enlace a la BIBLIOTECA DIGITAL DE LA PEDICINA TRADICIONAL MEXICANA, puesto que es un gran muestrario de Plantas, Flora, Pueblos Indigenas, Religiones,……

Fernando Latorre

(ALGUNOS EJEMPLOS)

DICCIONARIO ENCICLOPEDICO DE LA MEDICINA TRADICIONAL MEXICANA

PEYOTE

Sinónimo(s):biznaga, meca, mezcal (1) Lengua indígena: Cora curi (1 y 2), chice (2), chiee (1), huatari, houtari, watara (3). Huichol hícuri (3 y 4), hicori,yana hicouri (3), hikuri (5),jícore (2), jicurite (1). Náhuatl péyotl (1 y 2). Tarahumara bacanoc (1 y 2), hikuli (1). Tepehuano camaba (1).

Cactus alucinógeno de vital presencia ritual y medicinal en la cultura de diversos pueblos que habitan las regiones áridas y semiáridas del norte de México. Es una pequeña biznaga hemisférica de color verde cenizo, sin espinas, con una raíz larga y similar a un nabo, cuya denominación taxonómica es Lophophora williamsii. Aunque existen referencias al peyote en diversas lenguas, principalmente de los grupos norteños, la mayoría de la información etnográfica está concentrada en tarahumaras y huicholes.

Para los tarahumaras, el hikuli representa un importante recurso medicinal utilizado por los terapeutas para la curación de múltiples enfermedades. Es aplicado externamente como ungüento; molido en un metate o masticado y humedecido en la boca para sanar magulladuras, quemaduras, heridas, mordedura de víboras, reumatismo y otras dolencias, así como para mitigar el cansancio producido por las largas caminatas. Su ingestión se lleva a cabo en ceremonias dirigidas por el peyotero, quien auspicia salud y prosperidad, siempre acompañadas de danzas y cantos en su honor. Se reconocen varias clases, pero se tiene una estima especial por una variedad verde de gran tamaño, que recibe el nombre de peyote cristiano (híkuli deweame) estimado como el de mayor eficacia; por otro lado, también se habla de hikuli walúla saeliami, expresión que significa “hikuli de mayor autoridad”, considerado por otros como el más potente (6).

El grupo huichol es el que ha originado el culto más elaborado alrededor de este cactus, seguramente por haber podido salvaguardar su sistema religioso y cultural de mayores influencias cristianas (5). Es así que el peyote forma una trilogía indisoluble con el maíz y el venado, por lo que es necesario obtenerlo cada año durante la temporada seca, en una peregrinación hacia “el país sagrado de Wirikúta“, cerca de Real de Catorce, San Luis Potosí, para propiciar la abundancia de lluvias y venados, así como buenas cosechas (7). Los huicholes tienen la firme convicción de que la planta les permite entablar la comunicación con sus dioses, adivinar el porvenir y hablar el idioma de los animales (8). La ingieren de dos maneras principales: el cacto fresco, entero o cortado, equivalente a la carne del venado; o bien seco y macerado, o molido en metate y mezclado con agua; esta dualidad simboliza la simbiosis o interdependencia de las estaciones húmeda y seca, caza y agricultura, hembra y macho (el cacto y el venado son masculinos, el agua es femenina) (5). Lo emplean para combatir una gran variedad de males físicos, para aliviar la fatiga y, a menudo, sólo para obtener sensaciones psíquicas agradables (5). Su uso también es imprescindible en los rituales iniciáticos, donde el candidato a mara’akáme debe ingerirlo para poder entrar en contacto con las divinidades que se convertirán en sus apuntadores en los variados y usuales ceremoniales (9).

A lo largo del país, se usa contra dolores reumáticos, musculares y de aire, frotando las partes afectadas con la tintura de la planta o con un macerado alcohólico; se aplica molido y en forma de emplasto para tratar el dolor de muelas; se macera en agua o vinagre, y se frota sobre el cuerpo para controlar la fiebre.

De acuerdo con varios autores, el uso de este cacto como psicotrópico y recurso medicinal es uno de los más antiguos conocido por las culturas prehispánicas, según consta en las diversas fuentes de los cronistas de los tiempos de la Conquista y en los descubrimientos arqueológicos que sugieren su uso ceremonial desde hace más de tres mil años. Los primeros testimonios europeos son los de Bernardino de Sahagún, quien relató su empleo entre los chichimecas de las mesetas desérticas del norte.

Hay otra yerba como tunas de tierra, se llama peyotl, es blanca, se encuentra en el norte del país, los que la comen o beben, ven visiones espantosas o irrisibles: dura esta borrachera dos o tres días y después se quita; es común manjar de los chichimecas, pues los mantiene y les da ánimo para pelear y no tener miedo, ni sed, ni hambre y dicen que los guarda de todo peligro (10:132).

La etimología de la palabra peyote tiene diversos significados, todos ellos alusivos a su aspecto físico o a sus efectos. En su Vocabulario, Molina traduce peyutl por “capullo de seda o de gusano”, debido a su aspecto lanuginoso; también hace referencia al verbo pepeyoca, “relumbrar el agua o los campos con la claridad y reverberación del Sol o la Luna”. Hernández señala la acepción de “medicina resplandeciente”. Otra palabra de igual raíz es el verbo peyonia inic, que según Urbina quiere decir estimular, aguijonear. Respecto a lo anterior, Aguirre Beltrán menciona: “Resplandecer, relumbrar, estimular, son verbos que fácilmente se aplican cuando se define la acción fisiológica del peyote, en lo particular, si se trata de alucinaciones visuales coloridas” (11:147).

En efecto, su acción es alucinógena, puesto que induce modificaciones notables en la esfera sensorial, fundamentalmente visuales, aunque también auditivas, táctiles, olfativas y gustativas. Sobre esto Schultes comenta que:

Los efectos del peyote sobre la mente y el cuerpo son de tal manera sobrenaturales y fantásticos, que es fácil entender la creencia de los nativos de que el cacto es el asiento de las fuerzas de espíritu o de una divinidad. El más espectacular de los múltiples efectos del peyote es el juego caleidoscópico de visiones coloridas de indescriptible belleza… Antes de que aparezcan las visiones, unas tres horas después de haber comido el peyote, se perciben destellos y centellas de colores, cuya intensidad y pureza desafían cualquier descripción. Frecuentemente las visiones llevan una secuencia que va de figuras geométricas a objetos extraños y grotescos cuyas características varían de un individuo a otro (12:118-119).

Son dos los periodos observables durante su ingesta: uno inicial, caracterizado por un estado de sobrexitación y euforia en que se presenta enrojecimiento de la piel, dilatación pupilar, excitabilidad refleja cutánea con anestesia parcial de la piel, modificaciones en la frecuencia respiratoria y cardiaca y en presión arterial, aumento en la salivación, diuresis e insomnio. En el segundo periodo (la etapa de intoxicación propiamente dicha) queda afectada la coordinación de los movimientos finos y la locomoción; hay sensación de hinchazón de la cara, lengua, labios, etcétera; la percepción del espacio se modifica, “se oyen los colores, se palpan los ruidos y los mismos colores” y, en general, se presentan las alucinaciones que son matizadas y brillantes, predominando los tonos amarillos y rojos (2) (13).

Es pertinente aclarar que la intoxicación con este cactus o con otros psicotrópicos, produce un conjunto de alteraciones del sistema nervioso difícil de analizar, pues sus efectos, en especial la naturaleza de las visiones, tienen una relación directa con el contexto cultural de quien lo experimenta, y “resulta simplista tratar de extrapolar los efectos buscados al terreno de la clínica en culturas ajenas a dicha cosmovisión” (1: 285).

Se han aislado más de treinta principios que interactúan en forma sinérgica y son responsables de su actividad psicoactiva. Destacan los alcaloides del tipo de las feniletilaminas e isoquinoleínas, pero es la mezcalina la que produce las visiones coloridas, la cual debe su nombre a los “botones de mezcal”, denominación que se da en el sur de los Estados Unidos a la parte aérea del cacto seco, de donde se extrajo por primera vez dicho alcaloide (12).

Índice de Autores
(1) Aguilar Contreras, A. et al., 1982.
(2) Lozoya Legorreta, X. et al., 1982.
(3) Pérez de Barradas, J., 1957.
(4) Díaz, J. L, 1984.
(5) Furst, P., 1980.
(6) Bennett, W. C. et al., 1978.
(7) González Torres, Y., 1991.
(8) Dobkin de Ríos, M., 1975.
(9) Gutiérrez Gutiérrez, J. A., 1987.
(10) Schultes, E. R. et al., 1982.
(11) Aguirre Beltrán, G., 1963.
(12) Schultes, E. R., 1982.
(13) La Barre, W., 1980.

TOLOACHE – DATURA


Del Náhuatl toloatzin. También toloachi, toluache (1). Lengua Indígena: Huichol kieri (2 y 3). Maya chamicó(1). Náhuatl toloa, toloatzin (4). Tarahumara dekúba (5), tikúwari, uchurí, wichurí (6)
Nombre vernáculo con el que se conoce a varias especies de arbustos de actividad psicotrópica, pertenecientes al género Datura, de la familia Solanaceae, entre las que destacan D. stramonium y D. inoxia. En forma indistinta, suele aplicarse este nombre a las diversas especies de este género, sin hacer precisiones taxonómicas entre las especies y entre las posibles diferencias en el grado de toxicidad de cada una de ellas.
La información etnográfica refiere su uso principalmente entre las etnias del norte, tal el caso de mayos, seris, yaquis, tarahumaras y huicholes (7). Los datos etnobotánicos revelan que se reconoce a la planta como una especie peligrosa. Los tarahumaras temen a la dekúba; viejos reportes indican que no cualquiera debe tocarla y mucho menos arrancarla, pues quien lo haga puede enloquecer o morir. El hechicero del peyote o peyotero es el único que cuenta con la fuerza y protección necesaria para poder quitar las que crecen cerca de las viviendas, sin sufrir daño alguno (5). Pese al temor que se le tiene, la planta goza de un gran prestigio medicinal, pues se dice que posee un “espíritu muy fuerte”, a lo que se atribuye su potencia curativa; las hojas se aplican sobre la frente para aliviar los dolores de cabeza, pero deben ser retiradas poco tiempo después, ya que de no hacerlo así, el paciente puede enloquecer. Pennington describe varias aplicaciones médicas, así como la adición de las semillas, hojas y raíces a la bebida ceremonial llamada tesgüino, preparación que produce visiones y sensaciones de bienestar (6).
Kieri es el nombre dado por los huicholes al toloache, planta importante en su culto, a la que se ofrenda con temor y respeto. Según la mitología huichola, kieri entabló un duro combate con el peyote (V. Lophophora williamsii), del cual salió vencido. De aquí que ambas especies se consideren antagónicas: la primera como protectora de los brujos, y la otra como defensora e intermediaria de los curanderos (V. mara’akáme). Es así que kieri es personificado como un brujo peligroso que puede desencadenar locura permanente y muerte.
Con la encantadora música de su violín, kieri atrae a los incautos y los convida a que prueben sus hojas, sus flores, sus raíces y sus semillas. Pero quien obedece sus ardides sufre locuras o la muerte; la gente embrujada por kieri se creerá pájaro, por ejemplo, capaz de volar hasta las rocas más altas, pero a no ser que sea salvada por la ayuda de un chamán y de kauyumarie, encontrará la muerte al estrellarse abajo. O, si cede a las insistencias de kieri y come más y más de él, caerá en un sueño profundo y nunca despertará, porque sola el chamán sabe de qué manera tratar con un brujo semejante. Sin embargo, uno debe respetar a kieri por su poder sobrenatural, y cuando se le encuentra se deben depositar las ofrendas correspondientes, como flechas de plegarias, y cuando se pasa frente su morada rocosa a cierta distancia, hay que hacer apropiados gestos rituales en esa dirección (2:236-237).
La idea de que el toloache puede provocar trastornos mentales (V. locura), no es creencia exclusiva de los grupos norteños.
El saber popular lo inscribe dentro de la magia amorosa; así, es mezclado furtivamente, en dosis bajas, en las bebidas y alimentos, para lograr el dominio o amor de la pareja deseada. Resulta común entonces calificar de “entoloachado” (atontado en los Tuxtlas, Veracruz) al que se encuentra muy enamorado, y más aún al que dominan en su totalidad, carente de voluntad propia, estado que se considera irreversible.
En general, las referencias populares y los escasos datos etnográficos sobre el uso actual del toloache, giran en torno a sus propiedades tóxicas, que conducen a la locura. Sin embargo, Díaz afirma que puede constituir un peculiar elemento curativo en psiquiatría.
De gran interés ha resultado su uso psicoterapéutico en situaciones de terapia de shock, por ejemplo, en los alcohólicos crónicos a quienes el curandero administra dosis altas de estas potentes drogas, que evocan un estado prolongado de despersonalización, agitación y crisis que pueden determinar una revaloración de la existencia y un cambio permanente de conducta (8:244).
En el ámbito terapéutico se reconoce su eficacia para aliviar los dolores de huesos, reumas y artritis, aplicando localmente el macerado acuoso o alcohólico de semillas y hojas. Asimismo, las mujeres yaquis emplean dicho macerado o un ungüento preparado con grasas y hojas, para frotarse el vientre y mitigar los dolores en vísperas del parto (7) (9).
El toloache posee una larga historia como medicamento, alucinógeno y narcótico; fue de gran importancia para los antiguos nahuas, quienes llamaban toloatzin o toloa, tlápatl o tzitzintlápatl a varias especies del género Datura. En los Códices matritense y florentinose describe al tlápatl como una planta con flores en la parte superior (en la fronda) empleada por el que padece de gota, coacihuiztli, o por el que tenía hinchado el cuerpo. De toloase dice que es medicina para las calenturas con frío (intermitentes), y que se aplica en la zona externa en que se encuentra la gota pues donde se unta, calma, empuja y saca el mal. En la obra de Martín de la Cruz, son variados los usos atribuidos a estas plantas: las hojas molidas de toloa y tlápatl se untaban bajo las orejas para tratar los malestares producidos por los oídos purulentos; el toloa se aplicaba también en lugares donde aparecían “aguaduras” o “tumorcillos esponjosos”, y como ungüento contra “el dolor de costado” (4). Lozoya hace notar que el uso destinado a estas plantas, según dicho Códice, sólo aparece en su aplicación tópica, sin que se mencionen sus efectos intoxicantes, debido, seguramente, a la censura que se ejercía en el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, donde fue escrito el libro. Asimismo, menciona que las voces toloa, toloatzin y tlápatl fueron cediendo su lugar a la de toloache, término con el cual se identificó a varias plantas, todas pertenecientes al género Datura, por lo que en las obras médicas de los periodos ulteriores se hace referencia a los “toloaches” como un grupo de plantas con propiedades similares (4).
Ellas han merecido un gran interés científico, en. particular como fuente de compuestos con propiedades terapéuticas, analgésicas locales, antinflamatorias y psicotrópicas. Por su efecto, las daturas son catalogadas como delirógenos. Es decir, producen un estado de ofuscamiento de la conciencia, disminución de las funciones intelectuales, incapacidad de concentración, desorientación, distorsión de la percepción e inquietud; el pensamiento se torna fragmentario y se pierde la atención; se estimula la imaginación visual y la fantasía, haciendo que el sujeto confunda la ensoñación con la realidad; además, se presentan modificaciones emocionales que oscilan entre estados de excitación, furia y estupor. Es un cuadro semejante al síndrome psicorgánico agudo que se presenta en diversos trastornos metabólicos, infecciosos y tóxicos del sistema nervioso central (8). Los principales responsables de estos intensos efectos son dos alcaloides del tropano (la escopolamina y la atropina), distribuidos en toda la plantar pero con mayor concentración en las semillas, los cuales actúan sobre el sistema nervioso central (8 a 10). Es interesante notar que existen datos experimentales que sugieren una posible explicación de sus efectos analgésicos en uso externo, relacionados con la liberación de histaminas de la piel (4).
Por último, cabe mencionar que el uso del toloache con fines estimulantes es sumamente peligroso; de ello dan cuenta algunos reportes sobre cuadros de intoxicación, e incluso la muerte, de jóvenes que lo han ingerido a instancias de diversas lecturas que reportan la planta como un psicoactivo más, sin considerar los efectos adversos de una sobredosis.
Índice de Autores

(1) Aguilar Contreras, A. et al., 1982.
(2) Furst, P., 1980.
(3) Vázquez Castellanos, J. L, 1987.
(4) Lozoya Legorreta, X. et al., 1982.
(5) Bennett, W. C. et al., 1978.
(6) Bye, R., 1975.
(7) Pérez de Barradas, J., 1957.
(8) Díaz, J. L, 1984.
(9) Schultes, E. Ret al., 1982. (10) Schultes, E. R., 1982.

TABACO


Lengua Indígena: Cora yana (1). Chinanteco ro-hu (1). Kikapú macuche (2). Lacandón cutz(l). Maya kuutz (l). Mixe ju’uikill(l). Náhuatl picietl(1). Otomí yui badi (3). Popoluca ayic (1). Seri hapis copxot (1). Tarahumaras hepeaca (1). Totonaco a ’xcu ’t (1), uskut (4). Yaqui macucho, macuche, macuchi (5). Zapoteco gueza (1). Zoque otzi (1).
Planta herbácea de la familia Solanaceae; tabaco es la denominación que reciben varias especies del género Nicotiana, originarias de América, utilizadas ampliamente como narcótico. Sobresalen la especie cultivada, Nicotiana tabacum, y la silvestre, Nicotiana rustica, empleadas también con fines ceremoniales y terapéuticos.
El consumo del tabaco en el medio rural tiene una connotación especial, pues se considera indispensable en la celebración de las distintas ceremonias curativas y religiosas. Los tarahumaras, por ejemplo, valoran el tabaco como un narcótico; culturalmente dan gran importancia a su humo y al incienso, y prefieren fumarlo por la noche, pues lo aprecian como protección contra las serpientes, ciempiés y alacranes. En todas las fiestas tarahumaras se consume tabaco y se piensa que es muy adecuado para acompañar el tesgüino, bebida ceremonial. No sólo usan la especie cultivada; cuando lo estiman necesario, recurren a otras silvestres como Nicotiana trigonophylla, que crece en las barrancas de los ríos y recibe el nombre de bawaráka. Otra especie silvestre utilizada es Nicotiana glauca; sus hojas se aplican directamente sobre la cabeza en caso de jaqueca, pues su superficie pegajosa permite que se adhiera como un emplasto. A veces también se fuma, pero se señala que es muy fuerte (6). Los huicholes hacen referencia a la especie N. rustica como “el tabaco propio del mara’akáme” especialmente interesante, pues ilustra una coexistencia funcional y simbólica con el peyote. Tanto en los ritos del peyote como en algunos otros (en particular en los curativos), es “sacrificado” ceremonialmente, ofreciéndolo a Tatevari, la deidad del fuego (7 y 8). Para provocar visiones, fuman una mezcla de N. rustica y Tagetes lucida, y para que dichas visiones sean más claras lo acompañan bebiendo tesgüino o cai de maíz fermentado (8). El tabaco también es usado por los brujos, quienes tienen su propio tabaco especial, para lanzar “flechas de enfermedad” a sus víctimas (7). El cigarro ritual de los yaquis, llamado macuche, es elaborado con hojas de la planta silvestre del mismo nombre, al parecer N. rustica; se considera indispensable en las ceremonias de iniciación de sus curanderos, pues el humo tiene la facultad de brindar la fuerza y el poder de comunicación con el mundo sobrenatural. También resulta indispensable en las sesiones diagnósticas y curativas, ya que con su ayuda el curandero moviliza sus poderes y reconoce la causa de la enfermedad; a su vez, el humo de estos cigarrillos simboliza al aliento, concebido como la manifestación objetiva de la vida, el espíritu principal y personal que protege la existencia. Los hechiceros también recurren al macuche para invocar al diablo, quien manda sus espíritus malignos a fin de producir “mal puesto” a la víctima (5). Las parteras nahuas y otomíes de Cuaxtla, Puebla, confieren al humo del tabaco una función protectora y de purificación; prenden su cigarrillo después de curar el ombligo del recién nacido, para protegerse: “si no lo fumo me pongo pinta y me salen ampollas”. Ahuman al crío para despojarlo de la xoquía y liberarlo de la enfermedad (9). Entre los otomíes se revela el doble valor del tabaco silvestre: como ofrenda e instrumento en los rituales curativos, y como recurso terapéutico con grandes virtudes profilácticas; al humo del tabaco se le consigna una “fuerza” propia que le permite al curandero proteger al paciente de otras fuerzas o alejarlas, de aquí que reciba el nombre de yui badi, “tabaco del chamán” (3). En Oaxaca, los mazatecos y cuicatecos, elaboran con el tabaco una mezcla con cal a la que denominan piciete o san Pedro; se dice que esta preparación, masticada posee el atributo de mitigar el cansancio, y frotada otorga protección contra la brujería y coadyuva a extraer las enfermedades (10 a 13). Se le compara con la lumbre, “cosa muy fuerte que ahuyenta los malos espíritus, enemigos, enfermedades y cansancio” (14). Dicha preparación recibe el nombre de pilico entre los tzotziles de Oxchuc, Chiapas, y se refiere que todo h ‘ilol y jefe del linaje acostumbra llevarla consigo en un pequeño calabazo que guarda en su morral; cuando advierte que hay peligro, se echa un puñado en la boca para provocar salivación y entonces se la frota en la nuca, sienes y coyunturas de las piernas con el fin de protegerse (15). Los lacandones ofrendan las especies N. rustica y N. tabacum en los distintos rituales curativos y religiosos, y se dan en pago a los individuos que ejecutan ciertas tareas ceremoniales, como preparar la bebida balché para los dioses. Por otra parte, lo emplean para extraer el gusano barrenador que se introduce en la piel del ganado; elaboran una pasta base hecha de brea y tabaco humedecido, y la colocan sobre el “respiradero” o poro donde se aloja el gusano, facilitando así su extracción (16).
Cabe resaltar que el uso del tabaco es muy difundido en la medicina doméstica: se emplea untado en infusiones alcohólicas o acuosas como repelente de insectos, así como para calmar la comezón producida por sus piquetes; frotado para mitigar los dolores musculares y reumáticos; también, como emplasto en el abdomen para la cura del empacho (17).
Su uso ritual y terapéutico data de tiempos prehispánicos. Las distintas fuentes que hacen referencia a los materiales que usaban los curanderos y pobladores del México antiguo, ya refieren al tabaco —N. rustica (picietl) y N. tabacum (qu’auyetl) (19)— como purificador de los lugares y de las personas sujetas a influencias malignas. Entre los principales valores que se le atribuían, se hallaba el del sustento de los dioses, especialmente en forma de humo. Con el picietl evocaban el poder sobrenatural de los dioses creadores, en beneficio de la salud y el equilibrio del enfermo (7). Conjuraban al tabaco mismo como deidad o intermediario en los rituales curativos para sanar y diagnosticar, vencer o ahuyentar el dolor y el mal (18). También existen evidencias de que preparaban una mezcla, tenexyetl, compuesta de polvo de tabaco y cal, que masticaban para mitigar el cansacio y los dolores del cuerpo (19), tal y como se reporta en la actualidad en algunos lugares del país.
De acuerdo con Díaz, la mezcla de tabaco y cal favorece la extracción de sus alcaloides y potencia su poder energizante; señala que es probable que la nicotina sea la responsable de los efectos estupefacientes, al interactuar con los receptores nicotínicos del encéfalo (19).
Índice de Autores

(1) Aguilar Contreras, A. et al., 1982.
(2) Latorre, F. et al., 1976.
(3) Galinier, J.. 1990.
(4) Ichon, A., 1973.
(5) Ochoa Robles, H. A., 1967.
(6) Bennett, W. C. et al., 1978.
(7) Furst, P., 1980.
(8) Schultes, R. E. et al., 1982.
(9) Tibón, G., 1981.
(10) Cerda Silva, R. de la, 1942.
(11) Estrada, A., 1984.
(12) Cerda Silva, R. de la, 1957c.
(13) Hoppe, W., A. et al., 1969.
(14) Ocampo Villaseñor, D., 1971.
(15) Villa Rojas, A., 1982.
(16) Aguilera, C, 1985.
(17) Campos-Navarro, R., 1990.
(18) Ruiz de Alarcón, H., 1984.
(19) Díaz, J. L, 1984.

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LA DIETA DE LA AYAHUASCA

Dieta en la Amazonia

Posted: 28 Jul 2010 09:00 PM PDT

Considerada una de las técnicas de trabajo personal de sanación, iniciación y aprendizaje más eficaces y poderosas de los curanderos y maestros vegetalistas de la Amazonía occidental, la dieta consiste en un retiro temporal en la selva en total aislamiento, en profundo contacto con la Naturaleza, trabajo con estados modificados de conciencia y toma combinada de distintas Plantas Sagradas o Maestras bajo un determinado y riguroso régimen alimentario, incluido el ayuno si es necesario. El objetivo es provocar una profunda depuración a todos los niveles para eliminar aspectos que bloquean la sensibilidad, estimular la capacidad onírica y potenciar el trabajo de introspección.

El retiro ha tenido mucha importancia en todas las culturas, y es un período en que la persona se aleja del mundo que conoce, sus hábitos y comodidades, desconecta de sus rutinas, se aísla, todo ello con el propósito de renovarse, purificarse, ganar energía, sensibilidad y claridad. Cada cultura dispone de unas técnicas concretas: meditación, respiración, ayunos, oración, cantos, danzas o ingesta de plantas, pero el factor común en todas ellas es un periodo de aislamiento para un posterior regreso al mundo con una renovación física, psíquica, emocional y espiritual.

Lo que se llama dieta en el contexto de la Medicina Tradicional Amazónica implica mucho más que abstenerse de consumir determinadas sustancias o alimentos. Es un estado de purificación, de retiro, quietud, silencio, reflexión, meditación, compromiso, respeto y conexión con todo lo que nos rodea.

Podemos estructurar la dieta en las siguientes partes: la purga, las sesiones de Ayahuasca, el retiro y la post-dieta.

La purga

Las purgas tienen mucha importancia y es una práctica habitual en la Amazonía occidental. Consiste en la ingesta de un brebaje a base de plantas, generalmente eméticas, en un proceso que puede durar varias horas, y que provoca una depuración a todos los niveles, expulsando del cuerpo tanto toxinas como emociones negativas, preparando el cuerpo para entrar limpio a la dieta. Aparte de la depuración física, las purgas ayudan a devolver, soltar y expulsar contenidos negativos que hemos ido “tragando” en la vida. Con la purga, se estimula además la capacidad onírica.

Hay varias plantas que se utilizan para purgar. Una de las principales es la Yawar Panga (Aristolochia didyma) que provoca una poderosa depuración sobretodo a nivel abdominal y psico-emocional. Se toma una pequeña dosis del jugo de la planta fresca y abundante agua (de 3 a 6 litros). Es utilizada con frecuencia para neutralizar el síndrome de abstinencia en las primeras fases de la desintoxicación en casos de alcoholismo y drogadicción.

Otra de las plantas muy utilizadas es el Tabaco (Nicotiana rústica), también como brebaje emético, que provoca una depuración del cuerpo en general, especialmente en la zona pectoral y vías respiratorias, además de despejar y dar claridad a nivel mental, empleado también en casos de adicción al tabaco.

Es importante mencionar que a diferencia de lo que ocurre en nuestra cultura occidental donde el vómito tiene asociada una connotación negativa, medicinas tradicionales dispares como la Amazónica y el Ayurveda (Panchakarma) por ejemplo, coinciden en que es sumamente importante realizar purgas con regularidad a fin de desintoxicar no solo a nivel físico sino también a nivel psíquico y emocional, descargando y eliminando del cuerpo tanto impurezas y toxinas como emociones negativas.

Las sesiones de Ayahuasca

Al día siguiente, se almuerza algo liviano y por la noche se participa en una ceremonia de Ayahuasca, llamada la planta “maestra de maestras”. Las ceremonias son generalmente grupales y siempre dirigidas por un maestro curandero.

No es mi intención en este artículo hacer referencias históricas, antropológicas o bioquímicas acerca de la Ayahuasca y sus usos, debido a que existen ya muchos estudios y documentación al respeto, tan solo apuntar que la Ayahuasca, mixtura y descubrimiento ancestral de los indígenas amazónicos, representa la base de las medicinas tradicionales de la Amazonía.

La realización de sesiones de Ayahuasca durante el proceso de la dieta varia según estima cada curandero. Así como algunos prefieren hacer solamente una sesión al inicio del retiro, otros realizan una al principio y otra al final para cerrar el retiro. También algunos consideran apropiado incluir sesiones durante la dieta aprovechando que la persona, según su vocabulario, se encuentra “abierta”.

El retiro

Después de la primera sesión de Ayahuasca, empieza el retiro. Este puede ser de varios períodos, desde 7 días a dos semanas, un mes o más, dependiendo del propósito de la dieta.

Durante este periodo el dietador permanece en total aislamiento internado en la selva en un tambo (choza o cabaña rústica) individual, que consiste en un techo de hojas de palmera, un colchón con su mosquitera, una hamaca en el mejor de los casos y un agujero en el suelo donde hacer sus necesidades.

La comida durante este periodo es parca, neutra, y consiste en arroz o avena hervidos, sin sal, azúcar ni condimentos, algún plátano verde asado o hervido. Se exige total abstinencia sexual, el contacto con otras personas, evitar cualquier exceso de esfuerzo físico, psíquico, exposición al sol, al agua, al fuego y ciertos sabores y olores, incluidos los útiles de aseo.

Cada día el dietador bebe un remedio vegetal que prepara el curandero, a base de las llamadas “plantas maestras”, y la elección se realiza en base a los requerimientos psicofísicos, momento de su proceso personal, características de la planta y efectos deseados. Encontramos similitudes entre los conceptos de los curanderos amazónicos y los orientales, hay plantas yin o yang, femeninas o másculinas, que enfrían o calientan, y hay que tener especial cuidado en la selección de la planta que se va a dietar a fin de no reforzar estructuras no deseadas o ablandar estructuras ya de por si débiles.

Durante este proceso el único contacto con terceros son las breves visitas del “maestro curandero” y la persona encargada de traer la comida. La mayor parte del tiempo transcurre tumbado en la hamaca, en un estado intermedio entre la vigilia y el sueño. La soledad, el calor, los sonidos de la selva, los mosquitos, el hambre y la baja de sodio favorecen un estado de conciencia en que el contacto con uno mismo y con la Naturaleza es total. Este estado propicia que las resistencias psíquicas vayan debilitándose, permitiendo una mayor entrega al proceso y facilitando el encuentro con el “sanador interno”.

Algunas plantas maestras que se utilizan en la dieta y sus efectos según el conocimiento empírico de los médicos vegetalistas de la Amazonía peruana:

Ajo Sacha (Mansoa stendlyi): Planta macho. Tonifica, da calor y fortalece. Refuerza la voluntad, la autoestima y la capacidad de decisión.

Ayahuasca (Banisteriopsis caapi): Planta hembra. Provoca muchos sueños, visiones e insigths. Sensación de salir del cuerpo, viajar mentalmente y comunicación a distancia.

Bubinzana (Calliandra angustifolia): Planta hembra. Apertura y mayor comunicación afectiva. Enraíza, tranquiliza y suaviza los sentimientos.

Chiricsanango (Brunfelsia grandiflora): Planta macho. Trabaja los miedos, el frío físico y afectivo. Aumenta la confianza en uno mismo.

Bachufa (varia cortezas): Combinación de plantas macho. Vigoriza y fortifica la voluntad, el sentido de la vida, la confianza en uno mismo, libertad y la propia fuerza. Endereza.

Chuchuhuasi (Maytenus krukovii): Planta macho. Restituye el “centro”. Tonifica. Corrige la rectitud, endereza.

Uchusanango (Tabernaemontana sananho): Planta macho. Tonifica y fortifica, afirma la voluntad, rectificación de errores, clarifica y concretiza para planes futuros. Sensación de eliminación de pensamientos y sentimientos negativos (purificación por el fuego). Refuerza la libido.

Ushpawashasanango (Tabernaemontana undulata): Planta hembra. Reconecta con la memoria afectiva, recuerdos negativos pero también positivos y trabaja el equilibrio emocional. Descarga afectiva, hipersensibilidad, sensibiliza.

Tabaco (Nicotiana rústica): Planta macho. Depura y fortalece el cuerpo físico, provoca claridad psíquica, protección energética. Refuerza el trabajo de otras plantas. Facilita la eliminación de secreciones de las vías respiratorias. Estimula la actividad onírica.

Resulta sorprendente observar lo predecibles que son los efectos de estas plantas, sobretodo a nivel psico-emocional, a pesar de la particularidad de cada individuo y su propio proceso personal. Además de los efectos en los niveles más sutiles, sus principios activos y componentes fitoquímicos también trabajan sobre el cuerpo físico: para fortalecer el sistema osteomuscular, tratar el reumatismo, sistema inmunológico, como antiinflamatorio, vigorizante, desintoxicante, etc.

Se cree que mediante la dieta es posible tomar contacto con el espíritu de la planta y que su “fuerza” entra en el cuerpo y forma parte de la persona que la dieta. Algunas personas descubren sus aptitudes y empatía con ciertas plantas medicinales precisamente durante una dieta que realizan para sanar alguna dolencia o enfermedad, al punto que muchos curanderos se iniciaron en el curso de una dieta mientras se curaban ellos mismos.

El último día del retiro, se realiza el ritual de cierre de dieta, generalmente por la mañana. El “maestro” sopla con tabaco “icarado”(1) en los puntos energéticos del dietador y le da una mezcla de limón, ajo, cebolla picada, tomate y sal, o simplemente una cucharada de sal. El efecto reconstituyente del sodio se siente de inmediato. Cerramos con ello la “puerta” que abrimos al iniciar la dieta.

La post dieta

Una vez cerrada la dieta, es aconsejable un regreso a la vida cotidiana de una forma gradual, y hay que prestar especial atención a la etapa de post-dieta, pues para evitar la aparición de efectos adversos hay que respetar y seguir unas normás estrictas, que no son fáciles de llevar una vez finalizado el retiro y el dietador ha regresado a su vida cotidiana.

El período habitual es de 15 días sin azucares de ninguna clase, carne de cerdo, condimentos fuertes, alcohol, drogas o medicamentos químicos, y evitando olores fuertes como perfumes, jabones químicos y ambientes cargados. La abstinencia sexual total deberá ser de 30 días una vez finalizada la dieta.

Transgredir estas reglas, aunque sea de forma involuntaria, se denomina “cruzar la dieta” y las implicaciones pueden ser más o menos graves, dependiendo de la planta que se ingirió y la magnitud de la trasgresión. Generalmente se manifiesta empeorando el cuadro que se pretendía curar, y puede comprender malestar físico, cefalea, nerviosismo, irritabilidad, miedo, agresividad e incluso cuadros más complicados a nivel físico, psíquico y neurológico. En estos casos se deberá efectuar una corrección lo más pronto posible, que puede consistir desde una manipulación por parte del curandero (baños de plantas, sopladas o “icaradas” con tabaco), hasta una purga o la repetición de la dieta.

A pesar de que utilizan un lenguaje en ocasiones poco comprensible para la mente racional occidental, es fascinante el saber ancestral de estos “médicos vegetalistas” en el conocimiento de las plantas y su fino manejo, así como la acción de sus tratamientos sobre las causas en vez de sobre los síntomás, y la visión holística del ser humano como parte de la Naturaleza, visión compartida por todas las medicinas tradicionales.

Los avances científicos de la medicina alopática son innegables, aunque cada vez hay más evidencias de que también hemos olvidado “algo” en el camino del progreso. Sería positivo que sin renunciar a estos avances, recuperásemos el concepto hipocrático Vis Natura Medicatrix, según el cual la fuerza vital sanadora es la propia Naturaleza, y la labor del médico sería favorecer un entorno adecuado y proporcionar los medios para que esta fuerza vital de la Naturaleza, presente en el ser humano como parte de ella, lleve a cabo su proceso con la máxima eficiencia.

(1) Icaro: Cantos curativos utilizados por los “maestros curanderos” en los trabajos rituales. La acción de “icarar” implica “cargar” con la energía del curandero pócimás o tabaco.

Ramón Puig

Artículo publicado en la revista Ulises 11.

http://www.liebremarzo.com/libros/ulises_11.htm

FUENTE: www.onirogenia.com

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TABACO. METODOS DE INGESTION

METODOS DE INGESTION DEL TABACO

Excepto la inyección intravenosa, los indígenas de Sudamérica usan el tabaco a través de todos los medios humanamente posibles (gastrointestinal, respiratorio o percutáneo) y en una gran variedad de formas. El tabaco es mascado, es tomado como jugo o como jarabe, se lame la pasta, se emplean
supositorios y edemas, se aspira como polvo rapé, se aspira el humo del
tabaco y se aplican productos del tabaco sobre la piel y en los ojos.

  1. 1. Vía gastrointestinal. Tabaco masticado.
    El mascar, o más precisamente, el chupar trozos de tabaco tiene una amplia distribución en América del Sur y las Indias Occidentales. Ocurre en las Antillas Menores y en Venezuela oriental y se extiende desde el noroeste de Colombia y el Amazonas superior esporádicamente a través de localidades desde la Montaña hasta el Gran Chaco. En instancias aisladas se encuentra también en Brasil del este. El mascar tabaco en América del Norte se practicaba principalmente por los indígenas de la costa del noroeste, entre quienes el tabaco puede haber sido introducido por comerciantes rusos.
    Los indígenas preparan el tabaco en rollos de unos diez centímetros de largo, con tabaco verde, a veces esparciendo ceniza o sal sobre las hojas mojadas y mezclándolas con ciertas clases de tierra o miel. También se suele hacer una mezcla de las hojas de tabaco finamente machacadas con tierra conteniendo nitro logrando una masa de la que se hacen tabletas de tabaco. Similares tabletas se obtienen simplemente mezclando hojas machacadas con ceniza y mojando el polvo con agua para producir una suave pasta. Los indígenas de la Guayana cuecen con hojas de tabaco frescas una tortilla del porte de una
    rueda de carro y de dos centímetros de grueso sobre una parrilla a fuego lento. Durante el proceso la tortilla es rociada con sal y un sustituto que se obtiene del oulin (Mourera fluviatilis Aubl.), una planta podostemácea que crece en rocas sumergidas bajo caídas de agua o en salientes. La tortilla es cortada en trozos y lonjas que se guardan en calabazas de aperturas pequeñas. Otros aditivos a estas mezclas para mascar que no sean sal y sus sustitutos incluyen entre varios otros cal obtenida de cáscaras de moluscos, resina de caraña (Protium heptaphyllum March.), chile (Capsicum fructescens L. Willd.) y hierbas
    medicinales, tales como cáscara de rosa amarilla, una planta emenagoga.
    El masticar tabaco ocurre frecuentemente con otros métodos de ingestión tales como el fumar y el sorber por la nariz. También a veces el tabaco fue observado siendo mascado junto con coca (Erythroxylum). Chicas, rollos o bolas de tabaco son llevadas por el usuario en la mejilla o en el labio inferior durante prologados periodos de tiempo; la aplicación debajo de la lengua no ha
    sido reportada. A diferencia de la coca y betel (Piper betle), la nicotina no requiere agentes alcalinizantes para su liberación, aunque estas sustancias aceleran e intensifican la acción de la droga al aumentar la salivación (Hammilton 1957). La nicotina es fácilmente mezclable con las secreciones salivares y el transporte de la solución se efectúa rápidamente. También, la
    alcalinización del ambiente bucal prepara esa zona para una óptima absorción (Bray y Dollery 1983:274). Como se ha mencionado, los amerindios succionan más que mascan el tabaco y tragan, no escupen, los jugos que van saliendo
    poco a poco.
    Se considera generalmente la extensa distribución del área en que el tabaco es mascado como una indicación de la gran antigüedad de este método de consumo (Zerries 1964:99-100). Además, considerando lo natural que viene a ser el mascar el tabaco, uno tiende a concordar con estudiosos como Sauer (1969:48) cuando afirma que el mascar y beber representan las formas más antiguas de ingestión del tabaco. Con fluctuaciones periódicas, el tabaco ha encontrado amplia aceptación entre sociedades no amerindias.

2. Tabaco bebido.
La distribución de la costumbre de beber el jugo del tabaco es similar a la de la masticación excepto que está ausente del Gran Chaco. La mayoría de las tribus de la Gran Guyana beben el jugo del tabaco, así como un número considerable de grupos del Amazonas superior y la montaña de Ecuador y Perú. Algunos casos aislados de la práctica se han reportado también de la zona costera del noroeste de Venezuela, el noroeste de Colombia y en lugares dispersos en Bolivia y Brasil.
En la zona de distribución de la Guayana, el jugo de tabaco es a menudo una simple infusión de las hojas enteras o molidas mezcladas con agua. Las hojas remojadas o cocidas son estiradas y comprimidas a mano. Algunas tribus añaden a la mezcla sal o la ya mencionada ceniza de oulin, Otro materiales botánicos no identificados usados como ingredientes por las tribus de la Guayana incluyen ayung, una corteza emética, quinquina, una savia de árbol.
Asimismo, las tribus del Alto Amazonas y la Montaña remojan, comprimen y revuelven las hojas de tabaco en agua, aunque a menudo no enteras ni molidas sino trozadas y masticadas. En esta zona occidental de distribución, sin embargo, los indígenas no parecen añadir sal o ceniza a su jugo de tabaco, aunque si ocasionalmente chiles (Capsicum sp.). El cocimiento en agua de hojas de tabaco ocurre también aquí más a menudo que en la Guayana, aunque el cocimiento no es llevado al punto en que el jugo desaparece como ocurre en la producción de la pasta ambil (que aquí se discute) sino que se lo deja suficientemente viscoso para poder beber el producto.
En toda la zona de distribución donde el tabaco es bebido, esto se hace a menudo conjuntamente con otros métodos de consumo del tabaco y consumo de bebidas alcohólicas. Varias sustancias alucinógenas o psicotrópicas pueden
ser consumidas juntamente con el tabaco; ejemplos son ayahuasca (Banisteropsis caapi), coca (Erythroxylum), daturas (Brugmansia aurea Lagerh.; huanto, Brugmansia sp.; maikua, Brugmansia sp.) rapé parica (Virola calophylloidea Marcgraf), y takini látex (Helicostylis tomentosa [Poepp.& Endl.] Macbride o H. pedunculata Benoist).(8)
El jugo de tabaco es bebido por vía oral o nasal, usando las manos o calabazas. En algunos casos el concentrado es lanzado como un chorro directamente de la boca de uno a otro. Fuera de América del Sur, el beber tabaco ha tenido poca aceptación como modo de consumir tabaco.

Tabaco lamido.
El lamer tabaco tiene limitada distribución en América del Sur. Se le encuentra entre tribus del extremo septentrional de los Andes, en Colombia y Venezuela, ciertos lugares del noroeste amazónico y en algunos pocos lugares de la zona
de la Montaña.
El detalle de esta costumbre es muy similar a la masticación. Sin embargo, en vez de succionar un trozo de hojas de tabaco o una tableta de pasta, aquí se chupa un extracto de jarabe o jalea conocido como ambil. En la Sierra Nevada de Santa Marta de Colombia, los indígenas preparan una gelatina gruesa y negra por medio de una cocción de hojas de tabaco que dura horas e incluso días. El producto es espesado aún más añadiendo almidón de mandioca (Manihot esculenta Crantz) o de arrurruz (Maranta arundinacea L.). Las tribus en Venezuela al este del lago Maracaibo solían mezclar urao, un sesquicarbonato de soda, en su ambil, logrando una mezcla conocida como chimó (Kamen-Kaye 1971:43). Sal o cenizas alcalinas son usadas por tribus de la zona de la Montaña como parte de su receta para el ambil. Las hojas bien verdes de la parte inferior de la planta de tabaco son seleccionadas para ser cocidas sobre un fuego lento. Al mismo tiempo, son obtenidas sales por ciertas tribus por medio de la evaporación de agua que ha sido vertida y percolada a través de las cenizas de partes de un voluminoso árbol del género Lecythis, los brotes de Bactris y las hojas de palmeras Chamaedorea. En otros grupos las cenizas son logradas simplemente quemando y cerniendo cáscara de cacao rojo, cáscaras de bananos verdes y vainas de yoco (Paullinia yoco Schultes & Killip). Las sales se revuelven para hacer el ambil antes de que se concentre en un grueso jarabe o pasta (Schultes 1945:20-21). El chile (Capsicum sp.) también es mencionado como ingrediente del ambil, así como las semillas de
aguacate (Persea americana L.), azúcar tosca, tapioca o jugo de mandioca, así como el ya mencionado almidón de mandioca. La pasta es guardada de diversas maneras, envuelta en hojas, tubos de bambú, cáscaras de nueces, pequeños cántaros y en la actualidad, botellas de vidrio y tarros de lata. Bien guardado, el ambil se conserva durante varios meses antes de que deba ser reemplazado por uno más fresco.
El ambil es puesto en la boca sumergiendo un dedo o extrayendo una pequeña cantidad con una espátula o uña del dedo y frotándola sobre los dientes, las encías, o la lengua. Aunque se consume solo, el ambil es a veces ingerido simultáneamente con otros productos del tabaco. Algunas tribus de la Montaña los lamen en conjunto con la coca (Erythroxylum), ayahuasca (Banisteropsis caapi) y posiblemente otros alucinógenos.

Enema.
Las jeringas para enemas tenían amplia distribución entre los amerindios (Nordenskiöld 1930:189, mapa 1). Un cierto tipo consistía en una caña o hueso ahuecado rectos y estaba distribuido desde el noroeste de América del Norte hasta la Montaña peruana. Para su aplicación se sopla el enema a través del tubo dentro del cuerpo de quien lo recibe (Gomara 1811:283; Nordenskiöld 1930:54, fig.20; Davidson MS). Un segundo tipo de jeringa tenía una bolsa hecha de la vejiga de un animal, cuero o goma y una tobera de hueso o caña.
Jeringas de goma o cuero eran usadas por los indígenas de América del Sur occidental y Guayana (Roth 1916-1917:705, fig.341). La jeringa con un globo de goma es una invención nativa y está en uso entre los indígenas del Amazonas (Nordenskiöld 1930:13, fig.4). Las jeringas tienen el propósito de aplicar pimientas medicinales y hierbas antisépticas. Para lograr la intoxicación, los indígenas sudamericanos aplican enemas de ayahuasca (Banisteropsis caapi), Brugmansia sp., parica (Virola), willka (Anadenanthera colubrina [Vell.] Brenan) y tabaco (Nicotiana sp.).
El tabaco es mencionado escasamente en conexión con enemas y aplicaciones rectales en general. Sin embargo, supositorios de tabaco se usan como remedio para el constipado y las infecciones helmínticas. Casos más pobremente documentados de la asociación del tabaco con jeringas vienen de la pre-historia en Bolivia (Wassén 1972), Suriname (Fermín 1775), y Brasil (Spix y Martius 1823-1831:3). Un caso medicinal positivamente identificado es el de los shipibo en Perú, quienes aplican una mezcla de jugo de tabaco y jengibre como vermífugo (Gebhart MS). Solo recientemente se ha obtenido evidencia sólida del uso ritual de enemas de tabaco entre los aguaruna de la Montaña peruana (Davidson MS). No se han observado casos medicinales o de enema tabacal ritual para el Caribe, América Central o Norte América.
De hecho, el enema de los Aguaruna de jugo de tabaco fresco es mezclado con el extracto de ayahuasca (Banisteropsis caapi) hirviendo. Al sacar la mezcla del fuego, las hojas machacadas de tabaco se agregan para completar el brebaje rojizo. Antes de su aplicación, quien ha de recibir el edema se purga con repetidas dosis de ayahuasca y jugo de tabaco. El edema es soplado por una persona experimentada en el recto de la persona que está inclinada hacia adelante, usualmente un varón joven entre 12 y 35 años de edad.

  1. 3. Vía respiratoria. Absorción nasal.
    Rapés psicotrópicos son conocidos en forma esporádica en diferentes partes de América Central y Norte (Bourne 1907:312, 313, 324, 328) pero especialmente en América del Sur y las Indias Occidentales. Desde los días de la observación de Pané (1974 [1511]) respecto al rapé de chohobba (cohoba) entre los Taíno de las Antillas Menores, los polvos han sido vistos en preparación entre los indígenas del continente meridional a partir de las judías de Anadenanthera, de hojas de coca (Erythroxylum), de Virola spp., resina y una variedad de nicotianas. No se sabe bien aún cual es la base botánica de varios rapés menos conocidos del Nuevo Mundo (Schultes 1977:43-44; 1978:231-232), pero la absorción nasal de intoxicantes está bien repartida en América del Sur. De hecho, algunos creen que se trata de una forma peculiar de administrar la droga que se difundió al Viejo Mundo, junto con el tabaco, en la era postcolombina (Schultes 1967:292, 302-305). Las fuentes etnográficas documentan al tabaco como una fuente relativamente común de rapé entre los indígenas de América del Sur. En el subcontinente sus cinco focos de distribución son el Orinoco medio y superior, el noroeste del Amazonas, la Montaña – Río Purus, el Guaporé, y la zona andina. Otros casos son mayormente periféricos respecto a esta zona de distribución principalmente del norte y noroeste.
    En la preparación del rapé, las hojas de la planta son secadas al viento o al sol, sobre un fuego o sobre una olla colocada boca abajo sobre brasas ardientes. Las hojas secas son machacadas, pulverizadas y a menudo cernidas. Cáscaras de nueces y ollas pueden servir como morteros. El rapé de tabaco es guardado en recipientes hechos de bambú, calabazas o concha de moluscos. Los polvos psicotrópicos, incluyendo el rapé de tabaco, pueden ser aspirados directamente de la mano o de una hoja. Más frecuentemente sin embargo son ingeridos por medio de tubos de absorción nasal, simples o dobles, ramificados o angulares, hechos de caña o huesos perforados.
    Los tubos de absorción nasal, simples y relativamente cortos, son usados como inhaladores de autoconsumo. Como se ha mencionado previamente, el ejemplo más temprano en América del Sur es el inhalador de hueso de pájaro que Junius Bird encontró junto a una caja de rapé de hueso de ballena, en el sitio preagrario de Huaca Prieta, en la costa del Perú, fechado hacia el 1600 A.C.
    Estos implementos se usaban presumiblemente para la willka (Anadenanthera colubrina)(9), no para tabaco en polvo. Cuando se usan como inhaladores tubos de un metro o más de largo, la intoxicación requiere de dos personas; uno sopla con fuerza el polvo dentro de las narices del otro. Esta forma de administración ha sido bien documentada, por ejemplo, por escrito y en films, entre los yanomamö de Venezuela. Sin embargo, ellos también preparan su polvo intoxicante no de tabaco sino de la corteza interior del árbol Virola. En algunos de estos largos inhaladores, el extremo receptor recibe piezas nasales cónicas, lisas o talladas. Los tubos dobles de absorción nasal miden unos veinte centímetros de largo y comúnmente exhiben en el extremo próximo una pieza nasal hecha de alguna nuez redonda y perforada o de un anillo de cera bulboso, para facilitar la
    aplicación a las narices. El rapé es absorbido desde la palma de la mano del usuario a través de inhaladores dobles.
    Los tubos bifurcados tienen forma de Y, y son relativamente cortos. Permiten la autoadministración de polvos por ambas fosas nasales simultáneamente.
    Los tubos de inhalación angulares tienen forma de V; los cortos son para autoadministración y los más largos, de unos 20-30 centímetros son para administración mutua entre dos cooperantes. El rapé es colocado en el extremo nasal del insuflador angular y soplado desde el extremo bucal con un soplido brusco adentro de las fosas nasales del receptor.
    El rapé de tabaco puede ser inhalado desde la superficie de una pequeña tableta, pero las tabletas de inhalación comúnmente usadas en conexión con polvos alucinógenos no han sido reportados específicamente en conexión con la inhalación de tabaco. De hecho, el rapé de tabaco, es de importancia secundaria en América del Sur, comparado con los polvos alucinógenos,
    posiblemente porque los primeros contienen menos “fuerza espiritual” que los segundos. Esto puede explicar porqué los accesorios para rapé de tabaco son mucho más rústicos que la parafernalia artísticamente elaborada usada por ejemplo en conexión con los polvos de parica o ebena.
    También el tomar rapé de tabaco ha ganado aceptación amplia en el mundo en general, aunque la práctica ha aumentado o disminuido según la época a traves de los siglos.

2.4 Fumar.
La práctica de fumar es la más común de las formas de consumo en la América del Sur indígena. Es particularmente común en la Guayana mayor, el Alto Amazonas, la Montaña, los Yungas, Matto Grosso y el Gran Chaco. Sin embargo también se informó sobre esta costumbre en muchas zonas intermedias y periféricas como Colombia del norte y central, a lo largo del Amazonas medio e inferior, la costa del Brasil, Patagonia y sur de Chile. Los indígenas fuman tabaco en forma de cigarros, cigarrillos y varias formas de pipas. El tabaco secado al sol o al viento es molido antes de ser puesto en envoltorios de distintos tipos. A veces, hojas enteras de tabaco o trozos de ellas son usados con este fin. Más frecuentemente los indígenas usan hojas de distintas clases, estípulas de palma, hojas de banano y hojas de maíz. Un envoltorio comúnmente usado en cigarros y cigarrillos es la corteza interior blanquizca del árbol Couratari guianensis Aubl., de la familia Lecythidaceae.
Para preparar un envoltorio de tauari perfectamente blanco y sin sabor, la porción de corteza interior es separada del tronco, molida con una maza y expuesta al aire por varias horas. El naturalista H. W. Bates (1975:162) ha descrito cómo se puede obtener “sesenta, ochenta y a veces cien capas del mismo trozo de corteza”. Los indígenas de la Guayana cortan un trozo de dos o tres metros de largo y quince centímetros de ancho, preferiblemente de la corteza negra del Couratari guianensis. Para separar las capas, un extremo de la lonja golpeada con un palo y las láminas que se obtienen son atadas en bulto para evitar que se vuelvan a enrollar. El bulto es luego secado al sol (Ahlbrink 1931:475-477, 128). En forma similar, capas de la corteza interior delgadas como el papel aptas como envoltorios de cigarrillos se obtienen de la corteza de Sapucaia (kakareli [Lecythis ollaria Loefling]), un árbol del mismo orden natural que Couratari (Im Thurn 1883:317; Roth 1916-1917:241). Normalmente los hombres enrollan sus propios cigarros; en varias comunidades indígenas sin embargo se supone que las mujeres deben hacer la tarea. También prenden los cigarros y toman algunas chupadas ellas mismas antes de pasarlos a los hombres. Generalmente, los envoltorios le añaden un sabor y un olor peculiar al tabaco, y en algunas instancias se ha observado que las hojas que recubren el tabaco aumentan el efecto narcótico del tabaco (Weyer 1959:114)
Para darle al cigarro o a la pipa un componente odorífero particular, los indígenas de la Guayana o el Amazonas añaden distintas clases de yerbas o la resina de Protium heptaphyllum, un árbol de la familia de la mirra o Burseraceae. Conocida como caraña, la resina, dura, trasluciente y blanquizca tiene un olor punzante, similar al franquincienso. El polvo o los granos de caraña se mezclan con tabaco (o coca) para darle un sabor balsámico pero no para aumentar o disminuir los efectos narcóticos (Schultes 1980:55). En la Patagonia, raspaduras de calafate (Berberis sp.) se mezclan con el tabaco para darle un sabor agrio y para que arda con un humo de acentuado color azul. El fumar es a menudo acompañado de la ingestión de alucinógenos tales como Banisteropsis caapi, Brunfelsia grandiflora, y Virola y de bebidas psicoactivas tales como el yoco o la guaraná (Paullinina cupana H.B.K. var. sorbilis [Mart.] Ducke) y casiri.
Los indígenas de América del Norte, con la excepción de los Pueblos y algunas tribus en California, eran exclusivamente fumadores de pipa (Linton 1924:14; Robicsek 1978:9-11). Pero a pesar de esta predominancia de la pipa y el florecer de variaciones formales de las pipas en América del Norte, el fumar pipa en América del Sur sí tiene una distribución considerable a través del subcontinente. Aquí es practicado con pipas tubulares, monitor y angulares hechas de paja, bambú, madera, cáscaras secas de fruta, hueso, greda o piedra. El fumar en pipa prevalece en dos zonas focales; la región del Marañón-Huallaga-Ucayali y el Gran Chaco. Más esporádicamente ocurre a lo largo de la costa norte y el interior de la Guayana, a lo largo del Amazonas y en el litoral del Brasil. Hacia el interior y al norte de la zona focal del Gran Chaco, las pipas se presentan en Bolivia central y sur y en Araguaia inferior. Al sur del Chaco las pipas se encuentran en Chile central y sur y en Patagonia.
Como en América del Norte, el fumar pipa es una costumbre de origen prehistórico en América del Sur, y de las tres clases de pipas ya mencionadas, la forma tubular es quizás la más antigua. Se la encuentra en América Central y del Norte y su centro de distribución en el subcontinente se encuentra en el Gran Chaco y Brasil central hasta la costa del Atlántico, así como en Colombia y Suriname, un área de distribución tan amplia que corrobora la afirmación de la gran antigüedad de esta pipa en el Nuevo Mundo.
La pipa monitor es poco común en América del Sur, se la encuentra sólo entre los indígenas araucano-huilliche y los tehuelche de Chile central y sur y Patagonia respectivamente.
Finalmente, la pipa angular es la más común en América del Sur. Pipas probablemente previas al periodo de contacto son conocidas desde sitios arqueológicos (Cooper 1949:527). La distribución moderna de la pipa angular coincide con el área de distribución máxima indicada en el párrafo 6 de esta sección. Las pipas angulares pueden ser de una pieza o de manufactura compuesta, con un recipiente cónico-tubular y un tubo separable. Tipos característicos incluyen la pipa con recipiente cónico que se encuentra en la zona de Montaña y los tipos con recipiente cilíndrico o encordado como los hay en el Gran Chaco. Las pipas del Chaco pueden ser también con formas y diseños antropomórficos y zoomórficos, como se puede ver en abundantes ejemplos arqueológicos en Venezuela, Ecuador, Perú, norte de Argentina y sur de Brasil (Cooper 1949:531).
Los indígenas de América del Sur usualmente fuman con inhalaciones profundas o hiperventilación, pero raramente reteniendo una bocanada de humo en la boca antes de expelerla o inhalarla. La inhalación es descrita como absorbiendo el humo del cigarro hasta los pulmones con “profundas aspiraciones”, “usando los pulmones como fuelles” (Huxley 1957:195). Cigarros gigantes que miden casi un metro de largo y dos centímetros de ancho son fumados con hiperventilación por los Warao en el Orinoco y por varias otras sociedades tribales, tales como los indígenas del Vaupés. Este último cigarro, de acuerdo al naturalista A. R. Wallace (1975:195, 206), “tiene ocho o diez pulgadas de largo y una pulgada de diámetro, está hecho de tabaco molido y secado, y encerrado en un cilindro hecho de una hoja grande torcida como una espiral. Se coloca en un gran soporte bifurcado de dos pies de largo. Tiene un extremo inferior aguzado, de modo que cuando no está en uso puede ser clavado en el suelo”.
Un método peculiar de América del Sur de absorción respiratoria de nicotina es el de inhalación de humo de tabaco que está flotando libremente en la atmósfera. Como ya se ha mencionado, esto ocurría en la costa este del Brasil, donde quienes practicaban la costumbre soplaban humo de tabaco por cañas y cigarros de boca ancha sobre las cabezas y las caras de guerreros que bailaban. Los hombres en esta misma sociedad también inhalan el humo del tabaco que han quemado dentro de sonajas con forma de cabeza humana. Los adultos entre los Cuna de Panamá usan humo de tabaco que es soplado sobre sus caras desde un cigarro invertido, y los hombres jíbaro en Perú soplan el humo de tabaco a través de largos tubos en la boca abierta de otra persona.

3. Administración percutánea

Aplicación sobre la piel.
La aplicación de productos de tabaco sobre la piel sana o escoriada tiene una distribución muy extendida en la América del Sur indígena, incluyendo la práctica de fumar y soplar el humo en forma general o dirigida; de soplar
escupida con jugo de tabaco, saliva mezclada con nicotina, y tabaco en polvo; masajes con saliva; abluciones de jugo; rapé y envoltorios de hojas y compresas. El uso del tabaco en este contexto sirve invariablemente a fines
terapéuticos.

Administración ocular.
El humo y jugo de tabaco son aplicados al ojo para que la nicotina sea absorbido desde la conjuntiva de la superficie interior del párpado y la parte frontera del globo ocular. El fin principal de esta aplicación es mágico-religioso.

FUENTE: http://www.urkumanta.com

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TABACO. USO TRASCENDENTAL EN LOS INDIGENAS

USO TRASCENDENTAL DEL TABACO

por Johannes Wilbert:

Extraido de EL SIGNIFICADO CULTURAL DEL USO DE TABACO EN SUDAMÉRICA

En vista del carácter desagradable y la amenaza mortal contra la salud que implica la praxis del uso del tabaco en América del Sur, uno se pregunta por qué razón esta droga ha logrado una importancia tan grande en la vida religiosa y ritual de los indígenas. Sin ninguna duda, el tabaco como otras substancias psicotrópicas colectadas por los hombres ofrece una clase de
escape de las condiciones de vida y de la presión. La adicción a la nicotina como también las consideraciones socioculturales han jugado papeles adicionales al respecto. Más importante fue, que para mantener su credibilidad y efectividad como agentes y curanderos religiosos, los shamanes tenían que demostrar su poder espiritual para ellos mismos y para su comunidad en una base de continuidad; el tabaco, debido a los efectos de la nicotina en el cuerpo humano, les ayudaba a alcanzar esta meta. Es esencial para aquellos shamanes que usan tabaco (como para los shamanes en general) ser considerados y que ellos se consideren a si mismos que están dotados de fuerzas sobrenaturales.  Esta dualidad naturalsobrenatural es lograda durante la iniciación cuando el principiante muere como un ser humano natural y renace como una persona con fuerzas de otro mundo. Ingiriendo cantidades más grandes de tabaco, los shamanes manifiestan un estado de malestar por la nausea ocasionada por la nicotina como respiración pesada, vómitos y postración. Progresivamente por medio de temblores, convulsiones o ataques caen en agonía hasta que, en una narcosis aguda, sufren una detención transitoria de la respiración y una muerte aparente, confirmada por todos los testigos. La experiencia del maestro principiante es crucial para el éxito de este cambio de su estado. Introduciendo literalmente una situación de vida o muerte – medido en segundos de envenenamiento agudo – ellos dependen del éxito de este cambio esencial referente al proceso normalmente acelerado de la biotransformación de la nicotina en el cuerpo humano (Larson 1952:279; Larson, Haag y Silvette 1961). Pero durante la iniciación de sus estudiantes como también en el curso de sus propias vidas profesionales, están continuamente arriesgando las condiciones farmacológicas subyacentes del bloqueo del impulso de transmisión a los ganglios autónomos y del estímulo central. Nada puede convencerles más de su estado perteneciente a otro mundo que la experiencia de esa continua acción bifásica de la nicotina dentro de ellos mismos como un viaje del alma fuera del cuerpo. En este sendero celestial han sido enculturados para saber elegir en los cruces, abrir peligrosos pasajes, escapar golpes mortales y enfrentar eventual desmembramiento, transformación en esqueleto y renacimiento.

La ingestión de tabaco en ese proceso casi semi-perpetuo hace que los shamanes sean conscientes de sus nuevos cuerpos. Como una consecuencia de su pesado fumar, ellos y sus coetáneos, por ejemplo, observan el cambio de sus voces que han sido ásperas y guturales ya que experimentan los típicos síntomas de aflicción de “la garganta del fumador” (a smoker’s throat) por la acción local de ciertos agentes químicos del tabaco (Stevenson 1933). Se espera que los shamanes que mastican, fuman o beben tabaco desarrollen voces de un tono característico, gutural y bajo, considerado como más apropiado que la voz humana para el trato con sobrenaturales. Todos los shamanes experimentados han sido conocidos por perder su voz. Para promover el logro de ese cambio de la voz, a los shamanes les gustan mezclar resina de caraña (Protium heptaphyllum) en su tabaco, no solamente para perfumar el humo sino también para cubrir sus cuerdas vocales y así aumentar el efecto deseado.

La vista paranormal causada por la ingestión de nicotina es un resultado especialmente importante del shamán lo que se nota primero durante la iniciación y luego durante la praxis tabacalera. Durante las condiciones de intoxicación avanzada de nicotina, la luz crepuscular (antes que la plena luz del día) es preferida para la vista del shamán, permitién-dole a él o a ella discernir animales en movimiento o a enemigos en la media luz (Menderhall 1930:408). Los síntomas de la ambliopía tabacalera (Larson, Haag y Silvette 1961:591- 610), de la cual los shamanes generalmente sufren como consecuencia de la intoxicación avanzada por el fumar (Hedges 1955), tomando rapé (Duke-Elder y Scott 1971:146) y masticando (Meyerhof 1921) son totalmente impresionantes. Esta condición permite al especialista no solamente ver en la obscuridad sino también vivir en lo sombrío que es el resultado, ante todo, de la condición de los cambios neurológicos en la retina y, solamente en forma secundaria (si el consumo de tabaco no ha sido refrenado) por daño del nervio óptico. En consecuencia, la ambliopía tabacalera es reversible mediante la abstención de nicotina de modo que el shamán puede entrar o dejar la obscuridad del Otro Mundo según quiera. En suma, la nicotina es experimentada por los shamanes como una droga que cambia la vista y cambia la visión, permitiéndoles ver lo que se oculta y el futuro, una capacidad que les facilita actuar como videntes, profetas e interpretadores de sueños.

Los shamanes son a menudo considerados como maestros de fuego y haber alcanzado insensibilidad del calor por haber asimilado el calor mágico de su cigarro sagrado. Ingerida la nicotina, aumenta la transpiración y la liberación de norepinefrina produciendo una caída de la temperatura en la piel que puede ayudarles en la realización de actos desafiantes hacia el calor tales como apagar un cigarro contra sus cuerpos desnudos, caminar sobre brazas vivas o tragar ascuas.

Los indígenas de América del Sur consideran el tabaco como una comida y en algunas sociedades, los shamanes son llamados “los que comen tabaco”. Hay un reconocimiento general de la similitud entre la ingestión de comida natural y la comida de productos de tabaco. Como causas de esta relación podemos enumerar varios efectos de la nicotina en el tracto gastro-intestinal en razón del estímulo parasimpático. Como en el caso de la comida, el tabaco (nicotina) tiende a disminuir o hasta quitar el dolor o las contracciones del estómago por el hambre (Daniélopolu, Simici y Dimitriu 1925), que en a turno son causadas por estímulo del nervio sensorial que termina en la boca y en el estómago mucoso (Carlson y Lewis 1914).

El deseo de comer es también frenado por el efecto calmante de la nicotina referente a los órganos del gusto (Martí y Matasaru 1964) como también por niveles más altos del azúcar sanguínea, lo que estimula el hígado a liberar los carbohidratos almacenados (Wachholder 1948). La nicotina puede funcionar, además de sus efectos parasimpáticos, como un freno para el apetito por acción directa o indirecta en el hipotálamo (Walker 1953). Y la liberación de epinefrina, activada por la nicotina, reduce el hambre porque su acción excita el sistema nervioso central. Por tanto, la
ingestión de nicotina como la ingestión de comida mitiga los sentimientos de hambre, tal como la cesación del consumo de nicotina y la abstención de comida re-introduce el persistente quejido del estómago y los sentimientos de vacío (Chessick 1964).

El uso del tabaco como un agente anorético ha sido mencionado referente a los indígenas de América del Sur desde los más tempranos hasta los más recientes tiempos históricos. Los shamanes anhelan el tabaco como la gente en general anhela comida cuando tienen hambre. Podemos imaginarnos aquel deseo del shamán al llegar a esta esfera sobrenatural en la cual los espíritus, según se imagina, consumen tabaco como un plato apropiado. De América del Sur a los montes de Norte América, los shamanes han dado de comer a los Grandes Espíritus la comida de tabaco a la que no tienen acceso en el mundo espiritual. Totalmente conscientes del poder coercitivo de la droga, han aprovechado el tabaco como un bien negociable atractiva para obtener favores de arriba.

Universalmente se espera que los shamanes sean curanderos. Desde el tiempo de su comienzo, el aliento del shamán se considera estar dotado de cualidades sobrenaturales y su técnica terapéutica más usada es la de soplar sobre la parte afectada del cuerpo de los pacientes. El humo de tabaco manifiesta, por lo demás, dramáticamente su invisible neuma que confiere vida y los shamanes soplan espesas nubes de humo sobre los pacientes. Estos capturan el humo bajo sus manos ahuecadas para detenerlo sobre la parte dolida del cuerpo; lo dirigen sobre heridas abiertas, lo soplan en la cara del paciente, ojos, nariz y boca y dando masajes al paciente por períodos prolongados. El humo es también administrado al hueco de un diente y a la herida abierta después de una extracción dental. El paciente fumigado experimenta una reducción del dolor y de la fiebre y se siente, en algunos casos, curado. Como ya fue señalado, además de fumar, los shamanes soplan saliva con nicotina, tabaco en polvo y jugo en los pacientes. Administran masajes con saliva, lavamientos con jugo, y rapé y envoltorios de hojas de tabaco y compresas – es decir, técnicas terapéuticas que envuelven la administración de la nicotina por las vías respiratorias, gastrointestinales y dentales y que administra la nicotina en dosis suficientemente grandes para que sea local- y sistemáticamente efectiva. La aplicación del tabaco a heridas abiertas, mordeduras o picaduras no presentan problemas mayores siendo que la nicotina alcanza los tejidos expuestos subcutáneos no cubiertos por barreras epidérmicas. La aplicación de tabaco en líquido, polvo o envoltorios en la piel sana es propicia para la absorción de la nicotina. La administración del humo del tabaco a la piel escoriada es menos efectiva pero la nicotina en forma de humo es retenida por medio de transpiración en el cuerpo del paciente. Los medios de la nicotina en forma de soluciones, tales como saliva e infusiones, pueden ser aplicados con mayor intensidad que el humo y son altamente efectivos, especialmente porque la dosis terapéutica de la decocción es tan baja como 1 por ciento para las abluciones (Gutiérrez Muro 1934).

Aun más efectivas que el humo y las abluciones son las aplicaciones de envoltorios de tabaco en polvo y hojas mojadas. Los envoltorios de rapé han mostrado durante mucho tiempo que tienen efectos analgéticos (Somervail 1839). Los envoltorios de hojas de tabaco liberan suficiente nicotina localmente como para causar un envenenamiento relativamente agudo (Weizenecker y Deal 1970). Los tapones de tabaco verde o las bolitas de algodón cargados de nicotina depositados en el hueco de un diente funcionan como un preparado de efecto liberador sostenido y administra suficiente nicotina in situ, en forma adecuada y durante un período suficiente para servir como analgésico y potencialmente para ocasionar una intoxicación más severa (Chapman 1880). La absorción de alcaloides aun en cantidades pequeñas, estimula, sin embargo, favorablemente la liberación simpática de norepinephrine de los tejidos de la piel con efecto local, y la consecuente baja de la temperatura de la piel tiene un efecto calmante en el paciente y puede por un tiempo liberarle/la de su dolor.

Resumiendo, debo quizás, señalar que los shamanes son protectores combativos de sus sociedades. Soplan humo de tabaco y saliva contra enemigos de la atmósfera tales como tempestades, relámpagos y contra un ejército de adversarios que amenazan la existencia humana. En muchas sociedades ejercen su poder en forma de agresivos jaguares (were-jaguares), una manera de posibles cambios de la aparición, cosa que logran con la ayuda de ingestión de tabaco. Para activar sus agresiones, la nicotina provoca primero un número de cambios físicos, incluyendo visiones nocturnas como la de un jaguar, una voz profunda y ronca, una lengua áspera y un cuerpo que huele mal. En segundo lugar, las fibras colinérgicas pregangliónicas del sistema nervioso simpático estimulan las médulas de adrenalina a descargar las hormonas estimulantes epinefrina y norepinefrina, movilizando el cuerpo del shamán para reacciones de emergencia (Schievelbein and Werde 1967:82). En tercer lugar, el despertamiento general causado por la nicotina es interpretado por el shamán, adecuadamente enculturado – que generalmente tiene una relación especial con el jaguar, como específico a los hombres del jaguar – de ser expresado como furia, enemistad y agresividad sexual. Por lo tanto, los cambios fisiológicos mediados por la nicotina como también el despertamiento y liberación de epinephrine y sus concomitantes cambios emocionales y fisiológicos y con la apropiada condición enculturada, permite a los shamanes manifestar el característico comportamiento de un jaguar y experimentar un
sentimiento esencial del “ser jaguar” (jaguarness) que confirma el status y papel del shamán.

Lo que resulta claro mediante estos ejemplos es que los indígenas americanos usaban el tabaco como una droga que confirma la vida, es decir, que ordena la vida. Las creencias shamanísticas de los no-practicantes del uso del tabaco de los cazadores Paleo-indios, el alto valor que depositaban en el trance extático y las experiencias especiales y atributos adscritas al shamán como especialista en lo sagrado, todo proveyó un fondo de ecos de valores al cual tabaco shamanes de los Neo-indios agroculturales podían proyectar la experiencia de su droga con una compatibilidad notable.

Johannes Wilbert es profesor emeritus de antropología y el ex-director del Centro Latinoamericano de la Universidad de California en Los Angeles.

FUENTE: http://www.urkumanta.com

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AYAHUASCA Y TABACO

La Ayahuasca, planta sagrada-maestra, de origen amazonico -Peru, Ecuador, Colombia, Brasil-, es una mezcla de plantas psicotropicas-enteogenas (Banisteriopsis caapi, Psychotria viridis,…) utilizada mayoritariamente por grupos indigenas selvaticos con fines terapeuticos y rituales. La toma de la planta se realiza preferentemente en sesiones nocturnas colectivas dirigidas por un curandero-chaman.

El curandero inicia “el ritual” de la toma preparando “su mesa”, compuesta basicamente por el brebaje de la planta, agua florida, liquido alcanforado, manojo de hojas secas -shacapa-, piedras, la cachimba y el tabaco negro puro -mapacho-(Peru).

El tabaco natural es un enteogeno utilizado por las diferentes culturas chamanicas. Los shipibo, los ashaninkas, los indigenas de Peru hablan de la Madre Ayahuasca y el Padre Tabaco, con sus doce hijos, otras plantas maestras curativas, que el curandero debe de conocer mediante las dietas de iniciación al mundo de la Ayahuasca y al conocimiento del poder curativo.

El tabaco esta presente en todo el proceso de la medicina tradicional.

Un anciano curandero de Iquitos me relataba que cuando su maestro le inicio, la ultima dieta de plantas que tuvo que realizar para adquirir el conocimiento total fue tomar durante quince dias infusión de tabaco, en pequeñas dosis, sin realizar ninguna actividad, dado que es muy toxico.

La Ayahuasca se prepara mediante la cocción con agua de las dos plantas que la forman, Ayahuasca y Chacruna. Es otro ritual que necesita de 6 a 9h., en las que el curandero que la esta preparando, va cantando sus “icaros” y soplando la olla con el tabaco durante el proceso de cocción para que el brebaje resultante tenga la identidad deseada.

Generalmente en los preparados de Ayahuasca, aparte de las dos plantas basicas, el chaman suele agregar alguna otra, su planta especifica de poder, Thoe -Datura speciosa-, Brugmansia, Tabaco,…..

Las sesiones rituales de Ayahuasca se inician con un ritual de protección del lugar donde se va a efectuar la toma. El curandero toma el recipiente que contiene la planta-vegetal y le susurra suavemente unos cantos -icaros-, seguidamente toma la cachimba o el cigarrillo de mapacho y sopla tres veces el humo en el interior del recipiente. Lo cierra y mezcla el humo sacudiendo el vegetal.

Cada partcipante en la sesión se acerca al curandero y le sirve una dosis que él considera oportuna, del recipiente la traslada a una pequeña vasija -kuwise-, vuelve a susurrar o silbar un icaro y sopla nuevamente el tabaco sobre ella.

Durante la sesión el curandero solo interviene para guiar, subir o bajar el estado de embriaguez, de la alucinación, facilitar un control en el estado alterado de conciencia de los participantes.

Y para ello utiliza sus poderes-conocimientos de su propia mareación, los cantos o silbidos de los icaros, la shacapa, algún instrumeto musical y las sopladas de aire y sopladas con el tabaco.

El tabaco tiene un efecto directo en la experiencia, mediante las sopladas el chaman podra controlar las energias del lugar de la toma.

En ocasiones que él crea oportuno podra ofrecer su tabaco a los participantes.

Shacapa, icaros, tabaco se les reconoce un activo papel en el proceso alucinatorio, la mareación, y el humo del tabaco tiene el poder de seducir, de “amansar” las fuerzas hostiles.

Como dice Jean-Pierre Chaumeil en “Ver, saber, poder”: “El humo del tabaco es indispensable para cualquiera que desee abocarse plenamente a la practica chamanica y a las curas magicas; es el camino, la via por la que se trasladan y se dirigen los espiritus. Es siempre soplando en sus manos unidas que el chaman, antes de cada cura, convocara a sus auxiliares para que lo asistan. Pero el “soplo” tambien connota la curación, la reparación, la expulsión del mal”.

Antes de finalizar la sesión de toma de Ayahuasca, el curandero efectuara a cada participante una “limpieza” con un ritual especifico: soplar el humo del tabaco a las manos, torax, espalda, hombro izquierdo y derecho, y cortex cerebral.

FERNANDO LATORRE

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