Documentos

MEDICINA TRADICIONAL MEXICANA. BIBLIOTECA DIGITAL

Me ha parecido interesante publicar el enlace a la BIBLIOTECA DIGITAL DE LA PEDICINA TRADICIONAL MEXICANA, puesto que es un gran muestrario de Plantas, Flora, Pueblos Indigenas, Religiones,……

Fernando Latorre

(ALGUNOS EJEMPLOS)

DICCIONARIO ENCICLOPEDICO DE LA MEDICINA TRADICIONAL MEXICANA

PEYOTE

Sinónimo(s):biznaga, meca, mezcal (1) Lengua indígena: Cora curi (1 y 2), chice (2), chiee (1), huatari, houtari, watara (3). Huichol hícuri (3 y 4), hicori,yana hicouri (3), hikuri (5),jícore (2), jicurite (1). Náhuatl péyotl (1 y 2). Tarahumara bacanoc (1 y 2), hikuli (1). Tepehuano camaba (1).

Cactus alucinógeno de vital presencia ritual y medicinal en la cultura de diversos pueblos que habitan las regiones áridas y semiáridas del norte de México. Es una pequeña biznaga hemisférica de color verde cenizo, sin espinas, con una raíz larga y similar a un nabo, cuya denominación taxonómica es Lophophora williamsii. Aunque existen referencias al peyote en diversas lenguas, principalmente de los grupos norteños, la mayoría de la información etnográfica está concentrada en tarahumaras y huicholes.

Para los tarahumaras, el hikuli representa un importante recurso medicinal utilizado por los terapeutas para la curación de múltiples enfermedades. Es aplicado externamente como ungüento; molido en un metate o masticado y humedecido en la boca para sanar magulladuras, quemaduras, heridas, mordedura de víboras, reumatismo y otras dolencias, así como para mitigar el cansancio producido por las largas caminatas. Su ingestión se lleva a cabo en ceremonias dirigidas por el peyotero, quien auspicia salud y prosperidad, siempre acompañadas de danzas y cantos en su honor. Se reconocen varias clases, pero se tiene una estima especial por una variedad verde de gran tamaño, que recibe el nombre de peyote cristiano (híkuli deweame) estimado como el de mayor eficacia; por otro lado, también se habla de hikuli walúla saeliami, expresión que significa “hikuli de mayor autoridad”, considerado por otros como el más potente (6).

El grupo huichol es el que ha originado el culto más elaborado alrededor de este cactus, seguramente por haber podido salvaguardar su sistema religioso y cultural de mayores influencias cristianas (5). Es así que el peyote forma una trilogía indisoluble con el maíz y el venado, por lo que es necesario obtenerlo cada año durante la temporada seca, en una peregrinación hacia “el país sagrado de Wirikúta“, cerca de Real de Catorce, San Luis Potosí, para propiciar la abundancia de lluvias y venados, así como buenas cosechas (7). Los huicholes tienen la firme convicción de que la planta les permite entablar la comunicación con sus dioses, adivinar el porvenir y hablar el idioma de los animales (8). La ingieren de dos maneras principales: el cacto fresco, entero o cortado, equivalente a la carne del venado; o bien seco y macerado, o molido en metate y mezclado con agua; esta dualidad simboliza la simbiosis o interdependencia de las estaciones húmeda y seca, caza y agricultura, hembra y macho (el cacto y el venado son masculinos, el agua es femenina) (5). Lo emplean para combatir una gran variedad de males físicos, para aliviar la fatiga y, a menudo, sólo para obtener sensaciones psíquicas agradables (5). Su uso también es imprescindible en los rituales iniciáticos, donde el candidato a mara’akáme debe ingerirlo para poder entrar en contacto con las divinidades que se convertirán en sus apuntadores en los variados y usuales ceremoniales (9).

A lo largo del país, se usa contra dolores reumáticos, musculares y de aire, frotando las partes afectadas con la tintura de la planta o con un macerado alcohólico; se aplica molido y en forma de emplasto para tratar el dolor de muelas; se macera en agua o vinagre, y se frota sobre el cuerpo para controlar la fiebre.

De acuerdo con varios autores, el uso de este cacto como psicotrópico y recurso medicinal es uno de los más antiguos conocido por las culturas prehispánicas, según consta en las diversas fuentes de los cronistas de los tiempos de la Conquista y en los descubrimientos arqueológicos que sugieren su uso ceremonial desde hace más de tres mil años. Los primeros testimonios europeos son los de Bernardino de Sahagún, quien relató su empleo entre los chichimecas de las mesetas desérticas del norte.

Hay otra yerba como tunas de tierra, se llama peyotl, es blanca, se encuentra en el norte del país, los que la comen o beben, ven visiones espantosas o irrisibles: dura esta borrachera dos o tres días y después se quita; es común manjar de los chichimecas, pues los mantiene y les da ánimo para pelear y no tener miedo, ni sed, ni hambre y dicen que los guarda de todo peligro (10:132).

La etimología de la palabra peyote tiene diversos significados, todos ellos alusivos a su aspecto físico o a sus efectos. En su Vocabulario, Molina traduce peyutl por “capullo de seda o de gusano”, debido a su aspecto lanuginoso; también hace referencia al verbo pepeyoca, “relumbrar el agua o los campos con la claridad y reverberación del Sol o la Luna”. Hernández señala la acepción de “medicina resplandeciente”. Otra palabra de igual raíz es el verbo peyonia inic, que según Urbina quiere decir estimular, aguijonear. Respecto a lo anterior, Aguirre Beltrán menciona: “Resplandecer, relumbrar, estimular, son verbos que fácilmente se aplican cuando se define la acción fisiológica del peyote, en lo particular, si se trata de alucinaciones visuales coloridas” (11:147).

En efecto, su acción es alucinógena, puesto que induce modificaciones notables en la esfera sensorial, fundamentalmente visuales, aunque también auditivas, táctiles, olfativas y gustativas. Sobre esto Schultes comenta que:

Los efectos del peyote sobre la mente y el cuerpo son de tal manera sobrenaturales y fantásticos, que es fácil entender la creencia de los nativos de que el cacto es el asiento de las fuerzas de espíritu o de una divinidad. El más espectacular de los múltiples efectos del peyote es el juego caleidoscópico de visiones coloridas de indescriptible belleza… Antes de que aparezcan las visiones, unas tres horas después de haber comido el peyote, se perciben destellos y centellas de colores, cuya intensidad y pureza desafían cualquier descripción. Frecuentemente las visiones llevan una secuencia que va de figuras geométricas a objetos extraños y grotescos cuyas características varían de un individuo a otro (12:118-119).

Son dos los periodos observables durante su ingesta: uno inicial, caracterizado por un estado de sobrexitación y euforia en que se presenta enrojecimiento de la piel, dilatación pupilar, excitabilidad refleja cutánea con anestesia parcial de la piel, modificaciones en la frecuencia respiratoria y cardiaca y en presión arterial, aumento en la salivación, diuresis e insomnio. En el segundo periodo (la etapa de intoxicación propiamente dicha) queda afectada la coordinación de los movimientos finos y la locomoción; hay sensación de hinchazón de la cara, lengua, labios, etcétera; la percepción del espacio se modifica, “se oyen los colores, se palpan los ruidos y los mismos colores” y, en general, se presentan las alucinaciones que son matizadas y brillantes, predominando los tonos amarillos y rojos (2) (13).

Es pertinente aclarar que la intoxicación con este cactus o con otros psicotrópicos, produce un conjunto de alteraciones del sistema nervioso difícil de analizar, pues sus efectos, en especial la naturaleza de las visiones, tienen una relación directa con el contexto cultural de quien lo experimenta, y “resulta simplista tratar de extrapolar los efectos buscados al terreno de la clínica en culturas ajenas a dicha cosmovisión” (1: 285).

Se han aislado más de treinta principios que interactúan en forma sinérgica y son responsables de su actividad psicoactiva. Destacan los alcaloides del tipo de las feniletilaminas e isoquinoleínas, pero es la mezcalina la que produce las visiones coloridas, la cual debe su nombre a los “botones de mezcal”, denominación que se da en el sur de los Estados Unidos a la parte aérea del cacto seco, de donde se extrajo por primera vez dicho alcaloide (12).

Índice de Autores
(1) Aguilar Contreras, A. et al., 1982.
(2) Lozoya Legorreta, X. et al., 1982.
(3) Pérez de Barradas, J., 1957.
(4) Díaz, J. L, 1984.
(5) Furst, P., 1980.
(6) Bennett, W. C. et al., 1978.
(7) González Torres, Y., 1991.
(8) Dobkin de Ríos, M., 1975.
(9) Gutiérrez Gutiérrez, J. A., 1987.
(10) Schultes, E. R. et al., 1982.
(11) Aguirre Beltrán, G., 1963.
(12) Schultes, E. R., 1982.
(13) La Barre, W., 1980.

TOLOACHE – DATURA


Del Náhuatl toloatzin. También toloachi, toluache (1). Lengua Indígena: Huichol kieri (2 y 3). Maya chamicó(1). Náhuatl toloa, toloatzin (4). Tarahumara dekúba (5), tikúwari, uchurí, wichurí (6)
Nombre vernáculo con el que se conoce a varias especies de arbustos de actividad psicotrópica, pertenecientes al género Datura, de la familia Solanaceae, entre las que destacan D. stramonium y D. inoxia. En forma indistinta, suele aplicarse este nombre a las diversas especies de este género, sin hacer precisiones taxonómicas entre las especies y entre las posibles diferencias en el grado de toxicidad de cada una de ellas.
La información etnográfica refiere su uso principalmente entre las etnias del norte, tal el caso de mayos, seris, yaquis, tarahumaras y huicholes (7). Los datos etnobotánicos revelan que se reconoce a la planta como una especie peligrosa. Los tarahumaras temen a la dekúba; viejos reportes indican que no cualquiera debe tocarla y mucho menos arrancarla, pues quien lo haga puede enloquecer o morir. El hechicero del peyote o peyotero es el único que cuenta con la fuerza y protección necesaria para poder quitar las que crecen cerca de las viviendas, sin sufrir daño alguno (5). Pese al temor que se le tiene, la planta goza de un gran prestigio medicinal, pues se dice que posee un “espíritu muy fuerte”, a lo que se atribuye su potencia curativa; las hojas se aplican sobre la frente para aliviar los dolores de cabeza, pero deben ser retiradas poco tiempo después, ya que de no hacerlo así, el paciente puede enloquecer. Pennington describe varias aplicaciones médicas, así como la adición de las semillas, hojas y raíces a la bebida ceremonial llamada tesgüino, preparación que produce visiones y sensaciones de bienestar (6).
Kieri es el nombre dado por los huicholes al toloache, planta importante en su culto, a la que se ofrenda con temor y respeto. Según la mitología huichola, kieri entabló un duro combate con el peyote (V. Lophophora williamsii), del cual salió vencido. De aquí que ambas especies se consideren antagónicas: la primera como protectora de los brujos, y la otra como defensora e intermediaria de los curanderos (V. mara’akáme). Es así que kieri es personificado como un brujo peligroso que puede desencadenar locura permanente y muerte.
Con la encantadora música de su violín, kieri atrae a los incautos y los convida a que prueben sus hojas, sus flores, sus raíces y sus semillas. Pero quien obedece sus ardides sufre locuras o la muerte; la gente embrujada por kieri se creerá pájaro, por ejemplo, capaz de volar hasta las rocas más altas, pero a no ser que sea salvada por la ayuda de un chamán y de kauyumarie, encontrará la muerte al estrellarse abajo. O, si cede a las insistencias de kieri y come más y más de él, caerá en un sueño profundo y nunca despertará, porque sola el chamán sabe de qué manera tratar con un brujo semejante. Sin embargo, uno debe respetar a kieri por su poder sobrenatural, y cuando se le encuentra se deben depositar las ofrendas correspondientes, como flechas de plegarias, y cuando se pasa frente su morada rocosa a cierta distancia, hay que hacer apropiados gestos rituales en esa dirección (2:236-237).
La idea de que el toloache puede provocar trastornos mentales (V. locura), no es creencia exclusiva de los grupos norteños.
El saber popular lo inscribe dentro de la magia amorosa; así, es mezclado furtivamente, en dosis bajas, en las bebidas y alimentos, para lograr el dominio o amor de la pareja deseada. Resulta común entonces calificar de “entoloachado” (atontado en los Tuxtlas, Veracruz) al que se encuentra muy enamorado, y más aún al que dominan en su totalidad, carente de voluntad propia, estado que se considera irreversible.
En general, las referencias populares y los escasos datos etnográficos sobre el uso actual del toloache, giran en torno a sus propiedades tóxicas, que conducen a la locura. Sin embargo, Díaz afirma que puede constituir un peculiar elemento curativo en psiquiatría.
De gran interés ha resultado su uso psicoterapéutico en situaciones de terapia de shock, por ejemplo, en los alcohólicos crónicos a quienes el curandero administra dosis altas de estas potentes drogas, que evocan un estado prolongado de despersonalización, agitación y crisis que pueden determinar una revaloración de la existencia y un cambio permanente de conducta (8:244).
En el ámbito terapéutico se reconoce su eficacia para aliviar los dolores de huesos, reumas y artritis, aplicando localmente el macerado acuoso o alcohólico de semillas y hojas. Asimismo, las mujeres yaquis emplean dicho macerado o un ungüento preparado con grasas y hojas, para frotarse el vientre y mitigar los dolores en vísperas del parto (7) (9).
El toloache posee una larga historia como medicamento, alucinógeno y narcótico; fue de gran importancia para los antiguos nahuas, quienes llamaban toloatzin o toloa, tlápatl o tzitzintlápatl a varias especies del género Datura. En los Códices matritense y florentinose describe al tlápatl como una planta con flores en la parte superior (en la fronda) empleada por el que padece de gota, coacihuiztli, o por el que tenía hinchado el cuerpo. De toloase dice que es medicina para las calenturas con frío (intermitentes), y que se aplica en la zona externa en que se encuentra la gota pues donde se unta, calma, empuja y saca el mal. En la obra de Martín de la Cruz, son variados los usos atribuidos a estas plantas: las hojas molidas de toloa y tlápatl se untaban bajo las orejas para tratar los malestares producidos por los oídos purulentos; el toloa se aplicaba también en lugares donde aparecían “aguaduras” o “tumorcillos esponjosos”, y como ungüento contra “el dolor de costado” (4). Lozoya hace notar que el uso destinado a estas plantas, según dicho Códice, sólo aparece en su aplicación tópica, sin que se mencionen sus efectos intoxicantes, debido, seguramente, a la censura que se ejercía en el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, donde fue escrito el libro. Asimismo, menciona que las voces toloa, toloatzin y tlápatl fueron cediendo su lugar a la de toloache, término con el cual se identificó a varias plantas, todas pertenecientes al género Datura, por lo que en las obras médicas de los periodos ulteriores se hace referencia a los “toloaches” como un grupo de plantas con propiedades similares (4).
Ellas han merecido un gran interés científico, en. particular como fuente de compuestos con propiedades terapéuticas, analgésicas locales, antinflamatorias y psicotrópicas. Por su efecto, las daturas son catalogadas como delirógenos. Es decir, producen un estado de ofuscamiento de la conciencia, disminución de las funciones intelectuales, incapacidad de concentración, desorientación, distorsión de la percepción e inquietud; el pensamiento se torna fragmentario y se pierde la atención; se estimula la imaginación visual y la fantasía, haciendo que el sujeto confunda la ensoñación con la realidad; además, se presentan modificaciones emocionales que oscilan entre estados de excitación, furia y estupor. Es un cuadro semejante al síndrome psicorgánico agudo que se presenta en diversos trastornos metabólicos, infecciosos y tóxicos del sistema nervioso central (8). Los principales responsables de estos intensos efectos son dos alcaloides del tropano (la escopolamina y la atropina), distribuidos en toda la plantar pero con mayor concentración en las semillas, los cuales actúan sobre el sistema nervioso central (8 a 10). Es interesante notar que existen datos experimentales que sugieren una posible explicación de sus efectos analgésicos en uso externo, relacionados con la liberación de histaminas de la piel (4).
Por último, cabe mencionar que el uso del toloache con fines estimulantes es sumamente peligroso; de ello dan cuenta algunos reportes sobre cuadros de intoxicación, e incluso la muerte, de jóvenes que lo han ingerido a instancias de diversas lecturas que reportan la planta como un psicoactivo más, sin considerar los efectos adversos de una sobredosis.
Índice de Autores

(1) Aguilar Contreras, A. et al., 1982.
(2) Furst, P., 1980.
(3) Vázquez Castellanos, J. L, 1987.
(4) Lozoya Legorreta, X. et al., 1982.
(5) Bennett, W. C. et al., 1978.
(6) Bye, R., 1975.
(7) Pérez de Barradas, J., 1957.
(8) Díaz, J. L, 1984.
(9) Schultes, E. Ret al., 1982. (10) Schultes, E. R., 1982.

TABACO


Lengua Indígena: Cora yana (1). Chinanteco ro-hu (1). Kikapú macuche (2). Lacandón cutz(l). Maya kuutz (l). Mixe ju’uikill(l). Náhuatl picietl(1). Otomí yui badi (3). Popoluca ayic (1). Seri hapis copxot (1). Tarahumaras hepeaca (1). Totonaco a ’xcu ’t (1), uskut (4). Yaqui macucho, macuche, macuchi (5). Zapoteco gueza (1). Zoque otzi (1).
Planta herbácea de la familia Solanaceae; tabaco es la denominación que reciben varias especies del género Nicotiana, originarias de América, utilizadas ampliamente como narcótico. Sobresalen la especie cultivada, Nicotiana tabacum, y la silvestre, Nicotiana rustica, empleadas también con fines ceremoniales y terapéuticos.
El consumo del tabaco en el medio rural tiene una connotación especial, pues se considera indispensable en la celebración de las distintas ceremonias curativas y religiosas. Los tarahumaras, por ejemplo, valoran el tabaco como un narcótico; culturalmente dan gran importancia a su humo y al incienso, y prefieren fumarlo por la noche, pues lo aprecian como protección contra las serpientes, ciempiés y alacranes. En todas las fiestas tarahumaras se consume tabaco y se piensa que es muy adecuado para acompañar el tesgüino, bebida ceremonial. No sólo usan la especie cultivada; cuando lo estiman necesario, recurren a otras silvestres como Nicotiana trigonophylla, que crece en las barrancas de los ríos y recibe el nombre de bawaráka. Otra especie silvestre utilizada es Nicotiana glauca; sus hojas se aplican directamente sobre la cabeza en caso de jaqueca, pues su superficie pegajosa permite que se adhiera como un emplasto. A veces también se fuma, pero se señala que es muy fuerte (6). Los huicholes hacen referencia a la especie N. rustica como “el tabaco propio del mara’akáme” especialmente interesante, pues ilustra una coexistencia funcional y simbólica con el peyote. Tanto en los ritos del peyote como en algunos otros (en particular en los curativos), es “sacrificado” ceremonialmente, ofreciéndolo a Tatevari, la deidad del fuego (7 y 8). Para provocar visiones, fuman una mezcla de N. rustica y Tagetes lucida, y para que dichas visiones sean más claras lo acompañan bebiendo tesgüino o cai de maíz fermentado (8). El tabaco también es usado por los brujos, quienes tienen su propio tabaco especial, para lanzar “flechas de enfermedad” a sus víctimas (7). El cigarro ritual de los yaquis, llamado macuche, es elaborado con hojas de la planta silvestre del mismo nombre, al parecer N. rustica; se considera indispensable en las ceremonias de iniciación de sus curanderos, pues el humo tiene la facultad de brindar la fuerza y el poder de comunicación con el mundo sobrenatural. También resulta indispensable en las sesiones diagnósticas y curativas, ya que con su ayuda el curandero moviliza sus poderes y reconoce la causa de la enfermedad; a su vez, el humo de estos cigarrillos simboliza al aliento, concebido como la manifestación objetiva de la vida, el espíritu principal y personal que protege la existencia. Los hechiceros también recurren al macuche para invocar al diablo, quien manda sus espíritus malignos a fin de producir “mal puesto” a la víctima (5). Las parteras nahuas y otomíes de Cuaxtla, Puebla, confieren al humo del tabaco una función protectora y de purificación; prenden su cigarrillo después de curar el ombligo del recién nacido, para protegerse: “si no lo fumo me pongo pinta y me salen ampollas”. Ahuman al crío para despojarlo de la xoquía y liberarlo de la enfermedad (9). Entre los otomíes se revela el doble valor del tabaco silvestre: como ofrenda e instrumento en los rituales curativos, y como recurso terapéutico con grandes virtudes profilácticas; al humo del tabaco se le consigna una “fuerza” propia que le permite al curandero proteger al paciente de otras fuerzas o alejarlas, de aquí que reciba el nombre de yui badi, “tabaco del chamán” (3). En Oaxaca, los mazatecos y cuicatecos, elaboran con el tabaco una mezcla con cal a la que denominan piciete o san Pedro; se dice que esta preparación, masticada posee el atributo de mitigar el cansancio, y frotada otorga protección contra la brujería y coadyuva a extraer las enfermedades (10 a 13). Se le compara con la lumbre, “cosa muy fuerte que ahuyenta los malos espíritus, enemigos, enfermedades y cansancio” (14). Dicha preparación recibe el nombre de pilico entre los tzotziles de Oxchuc, Chiapas, y se refiere que todo h ‘ilol y jefe del linaje acostumbra llevarla consigo en un pequeño calabazo que guarda en su morral; cuando advierte que hay peligro, se echa un puñado en la boca para provocar salivación y entonces se la frota en la nuca, sienes y coyunturas de las piernas con el fin de protegerse (15). Los lacandones ofrendan las especies N. rustica y N. tabacum en los distintos rituales curativos y religiosos, y se dan en pago a los individuos que ejecutan ciertas tareas ceremoniales, como preparar la bebida balché para los dioses. Por otra parte, lo emplean para extraer el gusano barrenador que se introduce en la piel del ganado; elaboran una pasta base hecha de brea y tabaco humedecido, y la colocan sobre el “respiradero” o poro donde se aloja el gusano, facilitando así su extracción (16).
Cabe resaltar que el uso del tabaco es muy difundido en la medicina doméstica: se emplea untado en infusiones alcohólicas o acuosas como repelente de insectos, así como para calmar la comezón producida por sus piquetes; frotado para mitigar los dolores musculares y reumáticos; también, como emplasto en el abdomen para la cura del empacho (17).
Su uso ritual y terapéutico data de tiempos prehispánicos. Las distintas fuentes que hacen referencia a los materiales que usaban los curanderos y pobladores del México antiguo, ya refieren al tabaco —N. rustica (picietl) y N. tabacum (qu’auyetl) (19)— como purificador de los lugares y de las personas sujetas a influencias malignas. Entre los principales valores que se le atribuían, se hallaba el del sustento de los dioses, especialmente en forma de humo. Con el picietl evocaban el poder sobrenatural de los dioses creadores, en beneficio de la salud y el equilibrio del enfermo (7). Conjuraban al tabaco mismo como deidad o intermediario en los rituales curativos para sanar y diagnosticar, vencer o ahuyentar el dolor y el mal (18). También existen evidencias de que preparaban una mezcla, tenexyetl, compuesta de polvo de tabaco y cal, que masticaban para mitigar el cansacio y los dolores del cuerpo (19), tal y como se reporta en la actualidad en algunos lugares del país.
De acuerdo con Díaz, la mezcla de tabaco y cal favorece la extracción de sus alcaloides y potencia su poder energizante; señala que es probable que la nicotina sea la responsable de los efectos estupefacientes, al interactuar con los receptores nicotínicos del encéfalo (19).
Índice de Autores

(1) Aguilar Contreras, A. et al., 1982.
(2) Latorre, F. et al., 1976.
(3) Galinier, J.. 1990.
(4) Ichon, A., 1973.
(5) Ochoa Robles, H. A., 1967.
(6) Bennett, W. C. et al., 1978.
(7) Furst, P., 1980.
(8) Schultes, R. E. et al., 1982.
(9) Tibón, G., 1981.
(10) Cerda Silva, R. de la, 1942.
(11) Estrada, A., 1984.
(12) Cerda Silva, R. de la, 1957c.
(13) Hoppe, W., A. et al., 1969.
(14) Ocampo Villaseñor, D., 1971.
(15) Villa Rojas, A., 1982.
(16) Aguilera, C, 1985.
(17) Campos-Navarro, R., 1990.
(18) Ruiz de Alarcón, H., 1984.
(19) Díaz, J. L, 1984.

http://www.medicinatradicionalmexicana.unam.mx/index.php

Compartir en Facebook

ICEERS. CENTRO INTERNACIONAL PARA LA EDUCACION, LA INVESTIGACION Y EL SERVICIO ETNOBOTANICOS

ICEERS

CON FECHA 8 DE JULIO DE 2011, EN BARCELONA, SE PRESENTO A NIVEL OFICIAL, ICEERS.

VIDEO PROMOCIONAL

ENLACE A LA WEB
http://iceers.org/home.html?L=2



Compartir en Facebook

BIOGRAFIA DE DON SOLON TELLO. MAESTRO DE LA AYAHUASCA

BIOGRAFIA DE DON SOLON TELLO (1918-2010)

Fallecido el 24 de Octubre 2010
“El Caballero de la Ayahuasca”
Por Jaime Torres Romero
Este texto es una biografía de Don Solon, maestro ayahuasquero natural de la ciudad de Iquitos-Perú, que por más de 60 años se dedicó a esta práctica. Describe algunos datos de su historia personal y su proceso de aprendizaje, sus maestros y sus dietas. Su reconocida y buena práctica médica le llevó a ser convocado en varias oportunidades por el centro Takiwasi para convidar ayahuasca y otras plantas.
Solón Tello Lozano, nació en Nauta el 16 de noviembre de 1918, poblado a 90 km de la ciudad de Iquitos.
Hijo de Don Nicolás Tello y Juana Bautista Lozano. Tuvo una hermana mayor de parte de padre, siendo el hijo único de padre y madre.
Vivió con sus padres en Nauta hasta los 9 años de edad y cursó los estudios hasta el 3er grado de primaria, teniendo buenas habilidades para las matemáticas. Posterior a ello viaja a Iquitos con su papá quien lo deja a cargo de su primo hermano en búsqueda de mejores oportunidades para su vida. Lamentablemente por cuestiones económicas no pudo continuar con sus estudios.
Durante su adolescencia junto a su primo preparaban cecina y chorizo con carne de cerdo, lo que vendían en el mercado Belén de Iquitos. Actividad laboral a la que luego de independizarse de su primo, se dedicaría por los siguientes años de su vida.
Más adelante siguiendo la tradición de jóvenes con pocas oportunidades para los estudios se enroló a la Marina de Guerra del Perú para realizar el servicio militar. Participó en el conflicto armado con Ecuador en el año 1941. Posterior a la guerra fue declarado Ex-combatiente, condición que le permitió tener una asistencia económica mínima por parte del Estado, similar a una pensión de jubilación.
Sobre su vida familiar, Don Solón tiene 11 hijos en total de cuatro compromisos, todos vivos a la fecha (2010). Desde hace 40 años aproximadamente a la actualidad convive con la señora Rosa Tuesta, con la que tiene sus últimos 5 hijos.
Don Solón contaba su aprendizaje diciendo:
“Yo aprendí esto, porque tenía un maestro que sabía mucho, Daniel Soplin. Caí enfermo o me hicieron daño en una pierna y él en Iquitos me curaba, me calmaba, pero me duraba dos o tres días y de ahí nuevamente caía enfermo. Así que un día me dijo: “Solón por qué no vamos a la chacra para que dietes 8 días”. Me fui con él y en dos días llegamos a su fundo. Al tercer día cocinó su purga (ayahuasca) y la tomamos. Tuvimos una sesión muy buena. Luego me llamó para que me haga la curación y en esos momentos me dijo: “¿Solón qué le hacemos al brujo que te hizo este mal, es tal fulano?” Me dio nombre y apellido. Yo conocía a ese hombre. Nos conocimos, porque yo estaba curando un paciente y este le llevó a la sesión. El se instaló en una esquina preparó su mesa y yo estaba en otro lado con mi mesa. En la sesión como siempre yo invoco a Dios, y en un momento el otro empezó a vomitar como loco, hasta casi botar sus tripas. De eso me echó la culpa y por ello me hizo daño. Entonces el maestro, mientras me curaba, me dijo qué le hacemos al brujo, yo le contesté “No hay que hacerle nada maestro, Ud. va a manchar su alma y yo también. Yo quiero que me cure no para hacer daño a nadie. El que le va a juzgar es Dios, nadie más”. Esa noche me dijo: “Mira Solón, tú tienes para aprender, yo te voy a enseñar, te voy a dar todas mis cosas y vas a hacer otro hombre”.
Desde ahí empecé a tomar estas cosas en serio. Dieté conforme a lo que él me dijo tomando Chiric sanango. De ahí a los tres meses volvió a invitarme a la chacra para darme otro vegetal, esa vez me convido el Chuchuwasi. También le dieté conforme me había indicado y un poco más poniendo de mi parte. Después pasando un tiempo más me dijo: “¿Solón quieres ir a la chacra otra vez a dietar otro palito?”. Ahí dieté Ajo sacha, seguí las indicaciones conforme me había indicado y poniendo de mi parte, le diete un poco más la dieta de sexo. Cuando regresé de la chacra me dice “¿Y Solón qué tal la dieta?”, yo le dije que sigo dietando. El se alegró mucho me dio un abrazo y me dijo “Tú sí quieres aprender”. Luego en otro momento dieté Chullachaqui caspi.
Cuando finalmente pasado algunos meses después de la última dieta me dice “Solón en junio nos vamos otra vez a la chacra, te voy a invitar todas las plantas que hay en mi chacra”. Desgraciadamente cayó gravemente enfermo los primeros días de junio y no levantó el hombre, se murió. Ahí terminó mi carrera de aprendizaje con él, pero me dejó con cierta enseñanza, me dijo: “De aquí vas tomando tu ayahuasca, vas levantándote y cuando ya te sientas capaz vas a empezar a curar criaturas por un año, si las sanas ya estás listo, entonces empiezas a curar enfermedades como brujería”. El me enseñó cómo se cura la brujería, todo como un maestro, yo seguí sus normas. Y cada vez que hacía un trabajo salía bien y hasta ahora. Así me metí en ese trabajo, atendía gente con dolores y males, siempre los he curado. También he curado alcohólicos. También mujeres que se vengan del hombre, le convidan brebajes en las comidas o bebidas, o le icaran para que su miembro ya no funcione. Acá hubo un joven que le hicieron daño a su miembro, le cure durante un mes y quedo bien, lo levanté”
Don Solón contaba que en una oportunidad, al inicio de su aprendizaje, tuvo problemas en un ojo y su maestro le indicó que era un daño. Este llegó a chuparle el ojo y sacarle pedazos de vidrio del ojo malogrado. Se curó pero perdió la vista y se quedó tuerto por el resto de su vida.
Posterior al maestro Soplín, Don Solón continúa con el maestro José Delgado Chuquipiondo, terminando con él su aprendizaje. Luego que este maestro falleciera, la viuda le hacía dietar. Para ello Don Solón viajaba por río al interior de la Amazonía a realizar dietas de aprendizaje que duraban de 8 a 10 días cada dos años.
En los inicios, su práctica médica la hacía con un amigo ayahuasquero en Iquitos, el señor Gonzales. Con él tomaba frecuentemente y atendían pacientes, además que se apoyaban mutuamente cuando tenían pacientes con brujería o cuando ellos mismos eran atacados. En cierta oportunidad el señor Gonzales estaba muy mal, le habían hecho daño. Mandó a sus alumnos a llamar a Don Solón y en una sesión de ayahuasca lo curó.
Todos los maestros con quienes Don Solón se hizo curar y aprendió vivían en Iquitos, no eran indígenas pero tampoco gente de ciudad. Eran personas de los pueblos aledaños a Iquitos que se dedicaban principalmente al comercio en los mercados populares y además a la práctica de la ayahuasca.
En su práctica médica tenía permanentemente ataques. Una vez enfermó muy mal de los pulmones. En el hospital le dijeron que tenía tuberculosis, pero fue a ver al señor Gonzales, él le levantó. Le dijo que no tenía nada en sus pulmones, pero si tenía un daño. En tres noches consecutivas de ayahuasca le curó. Luego estaba fuerte, sano y caminando.
“El señor Gonzales era un brujo, pero le tenía consideración, ambos se curaban y apoyaban cuando estaban mal”, refiere la Sra. Rosa Tuesta, conviviente actual. Ella también tomó ayahuasca con Don Solón por espacio de 8 años, era la ayudante en las sesiones, hacía sopladas y también cantaba los ikaros.
En otra oportunidad nuevamente Don Solón se puso mal, era cerca a la navidad del año 1971. Fue una de las últimas curaciones que le hizo el señor Gonzales, terminando con la colocación de arkanas de protección (defensas energéticas) para que quede bien y pueda pasar una buena Navidad. Curiosamente para el corte de dieta tenía que comer carne de chancho y fue prohibido de comer otras carnes como la de gallina o pavo, porque sino malograría la curación que había obtenido. Así que en esa navidad la mujer hizo chancho asado para la cena navideña.
Ninguno de sus hijos tuvo interés en aprender de él. La Sra. Rosa cuenta que ello fue porque él mismo influenció de alguna manera en sus hijos. Solía decirles: “Estas cosas –la ayahuasca- no sirve aprender. No solo se toma por tomar, hay que aprender, pero bien aprendido. Son cosas buenas y lindas pero uno vive perseguido por los enemigos. Uno no tiene enemigos en su corazón, pero los enemigos de todos modos existen y nos persiguen. Estudien y trabajen, vivan su vida sin que nadie les moleste, para que duerman bien, porque en estas cosas uno duerme cerrando un solo ojo ya que el otro debe estar abierto, para estar vigilante. Por ello hay que tener buenos maestros, para que te levanten cuando te hagan daño, pero no hay buenos maestros, solo hay brujos”.
Don Solón Tello es un maestro ayahuasquero que llamó la atención por su práctica sencilla y eficaz en los trabajos de curación que hacía en la ciudad de Iquitos. Además convocó el interés de muchos extranjeros, académicos y curiosos, por experimentar los efectos terapéuticos de la ayahuasca, así como por el aprendizaje del manejo de la ayahuasca. Fue convocado en innumerables oportunidades a prestar sus servicios médicos en el centro Takiwasi de Tarapoto, institución que se dedica a la rehabilitación de drogadependientes asociando medicina tradicional amazónica y psicoterapia contemporánea. Tuvo la paciencia de enseñar su medicina con su ritmo pausado, transmitiendo sus ikaros y los que le fueron enseñados por sus maestros. Manejaba la sesión con calma y una gran devoción donde no podía faltar la llamada al Cristo de Bagazán de la ciudad de Iquitos y al Señor de los Milagros, patrono del Perú. Nunca dejaba su botella de alcanfor y sus mapachos (cigarro rústico de tabaco puro). Después de rezar y soplar hacia los 4 puntos cardenales, se cubría la cabeza de su gorra y servía la ayahuasca y de inmediato empezaba a cantar sin parar hasta el final de la sesión, sacudiendo rítmicamente su shacapa. Su tono de voz grave y de ritmo lento, escondía una gran fuerza y daba tranquilidad a sus pacientes. Terminaba la sesión del mismo modo, descubriendo su cabeza y agradeciendo a Dios para finalmente soplar de nuevo en dirección a los cuatro puntos cardenales.
Don Solón manifestaba una gran reverencia hacia su medicina y tenía un respeto escrupuloso de las dietas. Al día siguiente de la sesión, hacia el medio día, ingería una preparación de cebolla, ajos, jugo de limón y sal para “cortar la dieta” y recién desayunaba.
De contextura delgada, piel blanca, tenía una calvicie que compensaba con un delgado bigote. En el dedo menique mantenía una uña larga cuyo significado nunca llegamos a conocer. Su rostro marcado por su ojo ciego y una nariz gruesa, era iluminado por su constante sonrisa. Por su dificultad de visión y con la edad, caminaba lentamente arrastrando los pies. Reía con una voz ronca.
Risueño, le gustaban las bromas y la compañía de amigos y porqué no lindas chicas. Muy sociable y acogedor, nunca rechazaba una soplada para ayudar a un paciente fuera de las sesiones. De carácter afable y tranquilo, emanaba una gran simplicidad y humildad de su persona que le hacía apreciar de propios y extraños. Demostraba una bondad sencilla y generosa al momento de transmitir sus conocimientos y el Centro Takiwasi le tiene una gran deuda por ello. Nunca dio prioridad a la necesidad económica sobre su misión de curandero.
En su trayectoria también fue invitado en sus últimos años varias veces a Chile y Argentina, donde realizó sesiones de ayahuasca con numerosos participantes. Pero no le gustaba el frío y prefería quedarse en la selva con su calor y su humedad.
Fue uno de los principales difusor de la medicina tradicional amazónica en el Perú entre los años 1980 y 2000.
En Enero del 2008 tuvo una caída en su dormitorio mientras intentaba ir al baño. Producto de esta caída tuvo una fractura en la cadera y el fémur derecho. Tres operaciones con anestesia total durante el 2008 se necesitaron para restablecer su salud. Don Solon no ha vuelto a caminar por sus propios medios, se valía de una silla de ruedas y de la asistencia de sus hijos y de su mujer.
Desde esa fecha ha dejado totalmente la práctica de la Ayahuasca, después de más de 60 años de ejercicio. Dejó de existir el domingo 24 de Octubre, en pleno mes dedicado al Señor de los Milagros, su Maestro celestial quien seguramente lo acogió beneplácito por todo el bien que hizo durante su vida a través de su bendita medicina.
“El maestro sentado en una silla, yo me siento al suelo, a sus pies. Toma una botella de agua bendita, remoja su mano derecha en ella, la postra en la corona de mi cabeza. Con respeto escucho sus rezos, pide a Dios por mí, a todos los cielos, a todos los santos. Su reverencia, su humildad, su devoción son sobrecogedoras, se pueden percibir en su voz. Toma la rama de shacapa, la golpea suave y continuamente en mi cabeza. Comienza a cantar un ikaro hermoso, suena a sanación y protección celestial: melodía enternecedora, un calmante espiritual… El maestro enciende un mapacho, luego sopla el humo en mi cabeza, mi espalda, mi pecho y mis manos haciendo una cruz con sus dedos en cada una de ellas.
Solo me dice: ¡Servido Cholo, que Dios te Bendiga!”
Vásquez, Cayo “Voces de la Ayahuasca” Edición Independiente, Lima 2000
Jaime Torres Romero
Psicólogo clínico, director de Takiwasi, Centro de Rehabilitación de Toxicómanos y de Investigación de Medicinas Tradicionales – Tarapoto, Perú
jaime_torres@takiwasi.com

www.takiwasi.com

Compartir en Facebook

AYAHUASCA: PATRIMONIO CULTURAL. PERU

AYAHUASCA: PATRIMONIO CULTURAL.

PERU.

La ayahuasca en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana.

Que, el articulo VII del Título Preliminar de la Ley N° 28296-Ley General del Patrimonio Cultural de la Nación, dispone que el Instituto Nacional de Cultura de la Nación, está encargado de registrar, declarar y proteger el Patrimonio Cultural de la Nación dentro del ámbito de su competencia.

Que, el numeral 2 del artículo 1° del título I de la citada Ley establece que integran el Patrimonio Cultural de la Nación las creaciones de una comunidad cultural fundadas en las tradiciones, expresarlas por individuos de manera unilateral o grupal, y que reconocidamente responden a las expectativas de la comunidad, como expresión de la identidad cultural y social, además de los valores transmitidos oralmente, tales como los idiomas, lenguas y dialectos autóctonos, el saber y conocimiento tradicional, ya sean artísticos, gastronómicos, medicinales, tecnológicos, folclóricos o religiosos, los conocimientos colectivos de los pueblos y otras expresiones o manifestaciones culturales que en conjunto conforman nuestra diversidad cultural.

ayahuasca

Que, mediante la Resolución Directoral Nacional N° 1207/INC, del 10 de noviembre de 2004, se aprobó la Directiva N° 002-2004-INC, “Reconocimiento y declaratorias de las manifestaciones culturales vigentes como Patrimonio Cultural de la Nación”.

Que, corresponde al Instituto Nacional de Cultura en cumplimiento de la función que le asigna la Ley, y con la participación activa de la comunidad, realizar una permanente identificación de dichas manifestaciones tradicionales del país que deben ser declaradas Patrimonio Cultural de la Nación. Se busca la protección del uso tradicional y del carácter sagrado del ritual de Ayahuasca, diferenciándolo de los usos occidentales descontextualizados, consumistas y con propósito comerciales. Estando a lo visado por el Director de Gestión, la Directora de Registro y Estudio de la Cultura en el Perú Contemporáneo y el Director de la Oficina de Asuntos Jurídicos.

De conformidad con lo dispuesto por la Ley N° 28296, “Ley General del Patrimonio Cultural de la Nación” y el Decreto Supremo N° 017-2003-ED, que aprueba el Reglamento de Organización y Funciones del Instituto Nacional de Cultura.

Compartir en Facebook

PLANTAS MEDICINALES AMAZONICAS

PLANTAS MEDICINALES AMAZONICAS

Las plantas medicinales amazónicas o plantas maestras como las conocen los curanderos o chamanes, son otras plantas de uso medicinal o ritual que utilizan en su trabajo de curación, junto con la Ayahuasca y el Tabaco, que son la madre y el padre del chamanismo.

Cada curandero suele tener su propia planta de poder o medicinal, que en ocasiones suelen añadir cuando cocinan/preparan la Ayahuasca. En otras ocasiones cuando se realiza una dieta chamanica de curación, el curandero prepara infusiones de la planta que elija para hacer beber diariamente a la persona dietada.

Todas las plantas medicinales que a continuación se presentan, junto con sus propiedades poseen diversas acepciones de orden espiritual o chamanico que no todos los curanderos manifiestan de igual forma, por ello no se incide en esas características.

Dichas plantas se encuentran prácticamente en toda la Amazonia, el nombre con el que aparecen es el originario de Perú.

 

AJO SACHA  -Mansoa Alliacea-

Posee propiedades curativas de reumatismo y artritis. Inmunoestimulante. También es usado como condimento en la cocina.   

BOBINSANA –Callandria angustifollia-

Estimulante, antirreumática, purificadora de la sangre.   

                
                                              
CAMALONGA –Strychuns sp.-
Depurativa, energética.  

                                                   

CHIRIC SANANGO –Brunfelsia grandiflora-

Su raíz en infusión es un gran reconstituyente y útil para la artritis y el reumatismo. Muy utilizada en las dietas de Ayahuasca.  

 

CHUCHUASI –Maytenus macrocarpa-

Enfriamientos y reumatismos. Estimulante. Macerado con aguardiente se bebe como licor. Afrodisiaco, ayuda contra la esterilidad de la mujer.    

CLAVO HUASCA –Mandevilla scaba-

Enfriamientos, afrodisiaco.   

COPAIBA –Copaifera officinalis-

Cura las leucorreas, blenorreas, gonorreas. Cicatrizante de heridas.   

GUAYUSA –Piper callosum-

Gran energético, diurético y depurativo. 

JERGON SACHA –Dracontium loretense-

Reforzador del sistema inmunológico. Ulceras gastrointestinales. Mordeduras de serpientes.

LLANTEN –Plantajo major-

Antiséptico bucal. Para la tos. En infusión útil para afecciones de hígado y estomago. 

 

 

LUPUNA –Chorisia insignis-

Fiebre, asma, disentería y problemas renales. 

OJE –Ficus insípida-

Purgante, vermífugo, reconstituyente. Depurativo de la sangre.

PIRI PIRI –Cyperus articulatus-

Mordedura de serpientes. En la Región de Loreto, las mujeres suelen utilizarlo como método anticonceptivo, regulador de la menstruación. 

SANGRE DE GRADO –Crotón lechleri-

Ulceras estomacales, heridas, cortaduras o ulceras corporales, gran cicatrizante. Lavados vaginales. 

TOE –Brugmansia suaveolens-

Planta visionaria, alucinógena  

UCHUSANANGO –Bonaforsia-

Reconstituyente.  

UÑA DE GATO –Uncaria tomentosa-

Impide la multiplicación del virus VIH en la sangre, inmunológica; utilizada en el tratamiento del SIDA. Reconstituyente celular. 

 YAWARPANGA –Aristolochia dydma-

Vomitiva, depurativa. Utilizada comúnmente al inicio de una dieta chamanica de Ayahuasca para efectuar una limpieza en el organismo. 

 
 

BIBLIOGRAFIA

. Arévalo, Guillermo.  “Las plantas medicinales y su beneficio en la salud”. Shipibo-Conibo.  Ed. AIDESEP. Perú. 1994

. Barriga Ruiz, Rodolfo. “Plantas útiles de la amazonia peruana”. CONCYTEC. Perú. 1994

. Pinedo, M. – Rengifo, E. – Cerruti, T. “Plantas medicinales de la amazonia peruana”. IIAP. Perú. 1997

Fernando Latorre

Compartir en Facebook