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EXPERIENCIA TRATAMIENTO CON IBOGAINA.

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MANIFIESTO PSICONAUTICO

Los requisitos mínimos para quien quiera firmar en serio son el nombre y los dos apellidos.

¡¡¡En el campo NAME deben figurar nombre y apellidos!!!

Todas las firmas que no cumplan esta exigencia serán eliminadas.

DOMINGO SACRISTÁN, Igor: «Manifiesto psiconáutico». Enteogenia. Revista libre de cultura y estudios psiconáuticos, n.º 1, Ediciones Amargord, 2006.

To: Politicians all over the world

MANIFIESTO PSICONÁUTICO

Igor Domingo Sacristán

Introducción

El navío de la psique se prepara para zarpar con rumbo a la gnosis. La navegación por la mente, no constreñida por las fronteras que imponen espacio y tiempo, constituye una vía alternativa de utilización de unas sustancias demonizadas por la doble moral, que se lucra a su costa y se divierte con ellas pero las vilipendia públicamente. Lejos del contexto recreativo (aunque no por ello renunciando al componente lúdico del recorrido), el psiconauta se enfrenta a sus propios temores, expande su conciencia, diluye su ego y se ensambla con el todo, accediendo a otra dimensión de la realidad. Se trata de un viaje al interior cuya meta es el autoconocimiento: la sabiduría de la incertidumbre.

En soledad o cuidadosamente acompañado, lejos de mundanales griteríos, en su casa o en la naturaleza, el psiconavegante, en un acto de higiene mental, profundiza en su cerebro, dialoga con su subconsciente, reflexiona, experimenta su propia muerte y renace. Unos otorgan más importancia a la asimilación posterior de la experiencia que al viaje en sí, otros prefieren extasiarse ante el infinito como forma de evadirse de un presente vertiginoso, sin pretensiones de comprensión. Unos y otros, partidarios de Hofmann y acólitos de Leary, occidentales y orientales, chamanes modernos y devotos de tradiciones ancestrales, todos ellos comparten su afición por la ingesta de sustancias modificadoras de la consciencia, ya sean plantas, hongos o drogas sintetizadas en un laboratorio. En ese recoveco de la cognición no existen contornos ni líneas divisorias. Hay quienes defienden la licitud moral de otras vías más laboriosas aunque del mismo modo respetables: meditación, respiración holotrópica, etc. La esencia es la misma: las drogas sólo suponen un atajo maquiavélico, una forma de tecnología que agiliza el proceso.

Asimismo, hay quienes pretenden recrudecer discusiones etimológicas sobre el término más adecuado para nombrar a estos compuestos: alucinógenos, psicodélicos/psiquedélicos, enteógenos… En cualquier caso, las llame como las llame, les conceda un carácter sagrado o no lo haga, quien ha probado estas sustancias entrevé una misma verdad, dotada de una espiritualidad que trasciende cualquier religión, despertando el misticismo interior de cada individuo, más allá de la interpretación que éste quiera otorgarle. Quienes optan por las drogas naturales olvidan que todo, en último término, procede de la naturaleza y que muchos de los venenos más potentes son a su vez naturales. Sintetizar lo positivo descartando lo no deseado no implica un perjuicio mayor. La relativamente escasa toxicidad de la mayoría de estos elixires visionarios asienta sus riesgos en el plano psicológico. Por ello, conviene no perder nunca el respeto a las experiencias, con o sin veneración hacia la droga, de manera frívola o con recato, pero siempre desde una cierta madurez intelectual que permita eludir el naufragio. El psiconauta avezado sabe sortear con maestría los primeros atisbos de un mal viaje y esquivar los obstáculos del abrupto terreno en el que se desenvuelve: sólo la práctica reiterada ?ensayo y error? permite cultivarse en tan venerable disciplina.

Por lo tanto, no podemos de antemano establecer límites a la psiconáutica, abarcando lo inabarcable, pues se trata de una disciplina personal sometida a tantas subjetividades como individuos la practican. El peregrinaje por la razón no esconde señales ni itinerarios definidos; tampoco hay planos que orienten en el rastreo de nuevas dimensiones: los escalones hacia el encuentro con uno mismo varían de un cerebro a otro. Sólo podemos acercarnos, con sigilo, a su esencia y establecer unas pautas de uso común, lejos de supersticiones y tajantes axiomas. Servir de nexo que conjugue opiniones enfrentadas con un interés mutuo: el respeto de la libertad individual y el inalienable derecho a la autonomía sobre el propio cuerpo.

El colectivo de psiconautas en particular y de consumidores de drogas en general adolece de una enorme falta de cohesión: cada uno alaba las bonanzas de lo que él consume y critica lo demás, sin reparar en que todos los compuestos fiscalizados se encuentran en un mismo saco, más allá de sus propiedades particulares. Del mismo modo, para combatir la hipocresía de la doble moral, se hace necesario que un amplio número de ciudadanos usuarios de drogas ilegales salga del armario y declare públicamente y sin miedo su utilización responsable de sustancias al margen de la legalidad. Si en algo aún no han triunfado las drogas es en la gestación de una subversión real y mayoritaria, más allá de gratuitas transgresiones. Estos compuestos, al interactuar con los neurotransmisores cerebrales, nos ofrecen perspectivas diferentes de la realidad, permitiéndonos cuestionar el pensamiento único, reparando en que tal vez lo que nos cuentan no responda a la verdad. No podemos despreciar su poder; al contrario, deberíamos utilizarlo como herramienta para la construcción de alternativas a este suicidio colectivo. Violar sin miramientos todas las normas y leyes injustas, demoler doctrinas y fanatismos, reivindicar la propia identidad y alcanzar espacios de emancipación. Los dadaístas lo llamaban «amíquémeimportismo»: una manera de vivir en la que cada cual conserva sus propias condiciones respetando, salvo en caso de defensa, las otras individualidades. Hay que aprender a reír: reírse de uno mismo, de la vida, de la muerte, de la ortodoxia y la seriedad, de todos los sectarismos. Una sociedad jamás podrá madurar desde la reprimenda, con un Estado que trata a sus ciudadanos como a niños pequeños sin capacidad de decisión.

En definitiva, quienes firmamos este manifiesto nos declaramos consumidores responsables de sustancias psicoactivas, ya sea con objetivos lúdicos, terapéuticos o espirituales, en absoluto identificados con el trato recibido por parte de los medios de comunicación ?según los cuales las únicas relaciones posibles con las drogas ilegales son la dependencia y el abuso?, y reclamamos que, al igual que cumplimos con nuestros deberes como ciudadanos, se respete nuestro derecho a la libertad de introducir en nuestro propio cuerpo lo que nos plazca. Hartos de que se nos manipule con maniqueos argumentos y enemigos inventados, hasta la coronilla de que se utilice a los menores de edad o a los consumidores problemáticos como absurdo pretexto para mantener viva la injusticia. Exigimos otra política de drogas, no represiva y preocupada realmente por la salud pública y por los consumidores, que se aleje de intereses económicos y deje de generar ingentes cantidades de dinero negro atiborrando las prisiones de delincuentes sin víctimas. Que no se vuelva la espalda a la realidad: las drogas existen y seguirán existiendo mientras persista la demanda. Solicitamos, a su vez, que no se establezcan impedimentos burocráticos o legislativos a la investigación con unos compuestos que se utilizan con asiduidad y que, en muchos casos, gozan de una innegable capacidad terapéutica. Del mismo modo, pedimos que se fortalezcan las estrategias de reducción de riesgos y que se dote a los consumidores de la capacidad para integrar las drogas en la vida cotidiana. Como personas maduras y plenamente responsables de nuestros actos, demandamos el mismo trato que reciben el resto de los ciudadanos, que los discursos oficiales cejen en su empeño de persuadirnos de la no conveniencia de nuestras decisiones. Las drogas suponen hoy el mismo tabú que hasta hace unos años acarreaba el sexo: ya es hora de desprenderse del estigma social de una conducta que nos ha acompañado desde los albores de la humanidad.

Manifiesto

Como ciudadanos mayores de edad, en plenas facultades físicas y mentales, perfectamente responsables de nuestros actos, declaramos:

1. Que el ser humano es soberano, individualmente, para hacer con su cuerpo lo que considere conveniente, siempre y cuando no coarte la libertad de otros individuos.

2. Que toda persona tiene el derecho de investigar voluntariamente sobre su propio cerebro el efecto de las sustancias que la naturaleza le proporciona, más allá de consideraciones legales en gran medida alejadas del conocimiento científico.

3. Que el paternalismo a que los gobiernos someten el cuerpo de cada sujeto constituye un delito contra su libertad y está basado en intereses económicos y de subordinación. El experimento de la prohibición, justificado en la preservación de la salud pública y en un afán de control de las sustancias, ha supuesto el efecto contrario al que originalmente pretendía: merma de la salud pública (adulteraciones, contagios, mayor toxicidad de las drogas legales, aumento del número de usuarios, etc.) y un descontrol difícil de reparar debido a las desorbitadas sumas de dinero negro puestas en circulación, con el consiguiente impacto en especulación inmobiliaria, corrupción política, mafias, etc.

4. Que los representantes políticos son culpables de causar dolor al delinquir contra la salud pública, imposibilitando la investigación y el consumo de plantas y sustancias que pueden resultar beneficiosas para el desarrollo de la persona y la sociedad. En ese sentido, deben exigirse responsabilidades por el fiasco mayoritario que han supuesto las políticas sobre drogas, así como abrir un debate público donde se pongan sobre la mesa opciones alternativas viables, empezando por la despenalización de la adquisición, tenencia, fabricación, empleo y cultivo de todas las drogas ilegales.

5. Que el Estado tiene la obligación de facilitar información verídica y datos de pureza contrastada científicamente sobre cualquier sustancia que el individuo quiera probar, velando en esta información por la seguridad y el bienestar de cada uno de sus ciudadanos.

6. Que las culturas, religiones y rituales asociados a las diferentes sustancias merecen el mismo respeto que cualquier otra disciplina, debiendo permitirse su desarrollo con plena libertad. La heterodoxia de los consumidores tiende a diluir barreras sociales mediante el culto al dios interior, estableciendo una relación de respeto con el entorno, la naturaleza y el resto de individuos.

7. Que la educación es la base fundamental sobre la que se apoya el edificio de cualquier sociedad, siendo necesario para el sujeto y la propia colectividad un flujo de información científica y experiencial que permita que el individuo, al igual que elige una religión, pueda adoptar la cultura que una u otra sustancia proporciona.

8. Que las políticas sobre drogas han de tener en cuenta a los consumidores para construir una sociedad integradora, reducir los riesgos y evitar los daños que pudieran derivarse de un uso incorrecto de las sustancias, empezando por la derogación inmediata de todos los convenios y convenciones internacionales antidroga: Convención Única de Estupefacientes (1961), Convenio sobre Sustancias Psicotrópicas (1971) y Convención de la ONU contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes (Viena, 1988). En el caso concreto de España, un buen comienzo sería revocar algunos artículos de la ley Corcuera (L.O. 1/92 de Protección de la Seguridad Ciudadana), sobre todo aquellos que atropellan a los consumidores con abusivas sanciones: artículos 25.1 y 23.h, principalmente.

9. Que los gobiernos mundiales han de interrumpir su celosa labor de rechazo a todas aquellas sustancias y medicamentos susceptibles de producir placer, razón por la cual, no lo olvidemos, se consumen con asiduidad. Asimismo, en la gestión del dolor debe primar la eficacia científica por encima de consideraciones de índole política y/o económica.

10. Que la prohibición de enteógenos y otras drogas constituye una práctica económicamente ruinosa, ineficaz y anticientífica, que fomenta y propaga enfermedades venéreas, impide la investigación biomédica y corrompe a la sociedad obstaculizando el sistema judicial. Las sustancias causantes de ebriedad han sido legalmente utilizadas, de manera natural, durante miles de años, sin suscitar el mayoritario problema que suponen en la actualidad. En consecuencia, exigimos que los ingentes fondos económicos ?pagados con nuestros impuestos? que actualmente se destinan a la represión sean utilizados con fines constructivos, en aras de la normalización y regulación definitiva de las drogas, que engrosarían las arcas del Estado con sus gravámenes, ofreciendo a los usuarios garantías y controles de calidad sobre los productos consumidos.

Justificación

Lejos de acometer el fomento o la condena del consumo de drogas ?que debe constituir una decisión libre y madurada individualmente?, queremos incidir en las nefastas consecuencias que han supuesto las leyes contrarias a su consumo en el ámbito mundial. Frente a su función teórica como instrumento de la voluntad popular, la legislación se ha empleado en la práctica como arma de la mayoría para criminalizar a las minorías, distanciándose en muchos casos del objetivo ideal de justicia. Se trata de una intromisión en la libertad personal que, para colmo de males, no ha conseguido sino agravar el problema que pretendía subsanar.

Excusada en la protección de la salud pública, la prohibición supone, sin embargo, desterrar a las sustancias de los procesos farmacéuticos de control de calidad, sin disuadir a la gran mayoría de usuarios potenciales. Analizando los informes proporcionados por el Observatorio Europeo de Drogas y Toxicomanías (OEDT), se desprende una tendencia clara al aumento en los consumos, en el tráfico y en el número de detenciones, sin que se pueda establecer relación directa entre mayor represión y menor consumo. Asimismo, los costes para la salud pública del impacto de las drogas ilegales son ínfimos si los comparamos con los que acarrean las drogas legales, principalmente tabaco y alcohol. Del mismo modo, las tendencias de consumo reflejan que los consumidores de sustancias ilegales derivan progresivamente hacia hábitos de consumo más saludables. Pese al enorme desembolso social de la prohibición, los supuestos beneficios resultan prácticamente insignificantes.

Por otra parte, la proscripción que sufren las drogas arrastra graves consecuencias ecológicas debido a los programas oficiales para la erradicación de cultivos, con fumigaciones tóxicas que repercuten negativamente en el producto final y contaminación descontrolada de amplias zonas de selva virgen. Al mismo tiempo, las inyecciones de productos procedentes del mercado negro tienen gran parte de culpa en la transmisión del sida y otras enfermedades. Como atestigua Jonathan Ott en su Pharmacotheon, «en Estados Unidos y en Europa alrededor del 25\% de todos los casos de SIDA, principalmente entre heterosexuales y niños, son resultado directo o indirecto de la administración intravenosa de drogas».

Otro de los perjuicios a la salud pública es la detención en seco de estudios e investigaciones sobre las propiedades terapéuticas de varios de los embriagantes prohibidos, como la LSD, comercializada originalmente por Sandoz y con interesantes aplicaciones en psicoterapia, además de su contrastada valía como analgésico de larga duración y coadyuvante en el tratamiento de pacientes con cáncer terminal. Sin embargo, su inclusión oficial en la Lista I la condena a la condición de fármaco sin ninguna utilidad terapéutica aceptada. Pero el ácido lisérgico no es el único perjudicado: compuestos como el cannabis, la ketamina, la MDMA o la tan difamada heroína, con aplicaciones médicas legales en países científicamente avanzados, han demostrado un amplio potencial como medicamentos. Una vez más, los intereses económicos se anteponen al conocimiento científico, frenando así el avance en la comprensión del funcionamiento del cerebro humano. De hecho, varias de las sustancias fiscalizadas son generadas de manera endógena por nuestra materia gris (DMT, morfina, endocannabinoides), mientras que otras actúan por similitud con los neurotransmisores cerebrales. El hecho de que se prohíban principios activos presentes en el encéfalo de los mamíferos constituye una evidente paradoja rayana en el absurdo. Para colmo, la excesiva reglamentación legal ha llevado a Estados Unidos a aprobar la Ley sobre Compuestos Análogos a Sustancias Controladas, que impide incluso el desarrollo de nuevas sustancias cuya composición química se asemeje a alguna de las drogas desautorizadas, aparte de convertir en ilegales todas las especies animales y vegetales del planeta, según los antojos del gobierno.

El principal problema del control sobre las drogas es que éstas se llevan utilizando universalmente desde el principio de los tiempos, se utilizan ahora y se utilizarán en el futuro, por mucho que la ONU siga imponiéndose metas para su erradicación mundial: la próxima, en el 2008. Los datos disponibles no sólo convierten en irrisorias sus predicciones, sino que obligan a replantear la eficacia de tan enorme inversión, en términos sociales y económicos, con la infecunda tentativa de contrariar la voluntad de un creciente número de ciudadanos adultos. Siempre que exista demanda persistirá la oferta. De hecho, el consumo de embriagantes constituye a su vez una actividad común entre los animales. Las leyes en este sentido no hacen sino pervertir el sistema, encareciendo los precios y auspiciando la adulteración: el mayor beneficiario es, por lo tanto, el traficante, mientras que millones de consumidores sufren las consecuencias de un sistema que los trata como criminales.

Cualquier nueva iniciativa legal debería ser sometida a un análisis en términos de eficacia y seguridad. En este sentido, la ley antidroga, que ni siquiera ha cumplido el siglo de vida, arroja cifras cada vez más preocupantes, mientras que los gobiernos eluden con insistencia su diagnóstico, que forzaría el planteamiento de estrategias diferentes. En su lugar, se persevera en la pueril actitud represiva, cuyo logro no ha obtenido más que una eficacia marginal, en un absurdo intento por cambiar el comportamiento de la sociedad. Además, la mayoría de los esfuerzos represivos se centran en castigar al consumidor más que en reducir la oferta, lo que resulta sumamente ineficaz.

Por otra parte, una de las mayores víctimas de la hipocresía actual es la información, cuya transparencia se ha perdido en beneficio del sesgo moralista y la tergiversación coactiva, provocando que muchos hayan retirado su confianza a las tesis oficiales, ampliamente cacareadas, además, por los medios de comunicación. Tanto la banalización de los riesgos derivados del uso de drogas como la exageración de los mismos constituyen actitudes peligrosas y moralmente reprensibles.

Al prohibir ciertos tipos de drogas, los gobiernos no hacen sino promover el uso de otras, como el alcohol o la nicotina, cuya aceptación social no se corresponde con su escasa peligrosidad: de hecho, ambas sustancias son causantes del 12\% de las muertes anuales en el mundo, según un estudio de la Organización Mundial de la Salud (Ginebra, 17 de marzo de 2004). Por su parte, drogas como la cocaína, el opio, la marihuana y las anfetaminas, legalmente prohibidas, causan únicamente el 0,4\% de las muertes, como atestigua el mismo estudio. Lo mismo sucede en otras sociedades, como en algunos países musulmanes, donde se condena moralmente el alcohol pero se aceptan otras sustancias, como el hachís y el opio. Las drogas socialmente aceptadas varían, por tanto, de unas sociedades a otras, pero el problema sigue siendo el mismo.

Si analizamos la historia de la prohibición, comprobaremos que ésta ha estado ligada históricamente a prejuicios raciales y discriminación de las minorías: el opio, para frenar el progreso económico de los emigrantes chinos en EE UU; la cocaína, por ser considerada una droga de negros, acusándola de incitarlos a cometer violaciones; la marihuana, asociada en los años treinta a los emigrantes mexicanos pobres, se prohibió porque el cáñamo hacía competencia como tejido al nylon de DuPont, íntimo del presidente Nixon, lo cual marginaba aún más a los chicanos.

Pero esto no es todo. Volviendo con Ott, «un gobierno como el de Estados Unidos controlador de una lucrativa operación que mueve billones fomentando el uso de drogas legales, mata a cientos de personas inocentes para detener a uno de sus antiguos empleados […], un gobierno que ha envenenado secretamente con LSD y otras drogas a incontables civiles, enfermos mentales y prisioneros, que ha filmado clandestinamente cómo contribuyentes drogados se divertían en la cama con prostitutas pagadas con dinero público, que empujó a uno de sus funcionarios al suicidio poniéndole LSD en su cóctel, que no ha dudado en traficar con narcóticos y cocaína, recaudando dinero sucio para acciones militares ilegales, contra la prohibición expresa del Congreso, no tiene base moral alguna para prohibir ninguna droga».

La mayoría de los problemas asociados a las drogas no son causa de las mismas, sino de su prohibición, y las razones esgrimidas por drogabusólogos y distribuidores de paranoia carecen de base científica, aparte de centrarse en hipótesis difícilmente demostrables, como el hecho de que la legalización dispararía el consumo. Sólo hay que remitirse a los datos: Holanda, país que desde 1976 aplica una política de tolerancia hacia los consumidores de cannabis, presenta un tercio menos de heroinómanos que en España y la mitad de consumidores de cannabis (en ratio por mil habitantes). También es el país europeo con menor tasa de contagio de VIH y otras enfermedades venéreas entre heroinómanos: sólo hay que comparar los diversos informes del OEDT.

Mo Mowlan, ex ministra por Irlanda del Norte y ex responsable de la política sobre drogas del gobierno británico, afirmaba en un artículo publicado en The Guardian el 9 de enero de 2003: «Las drogas en este país son casi más fáciles de conseguir que el alcohol: la oferta de esas sustancias no está limitada por regulaciones como las que limitan la venta de bebidas alcohólicas; un número importante de personas, sobre todo adolescentes y jóvenes, fuman marihuana y muchos consumen también éxtasis y cocaína. No son delincuentes; son personas que usted conoce. Es gente que perfectamente podría estar sentada junto a usted en el trabajo, o viviendo en su casa. Y se les está obligando a un contacto casi diario con el crimen organizado. ¿No es una situación delirante? Deberíamos encontrar algo de sentido común […] y empezar a pensar cómo legalizar las drogas y cómo despenalizar nuestra sociedad. Reconozcamos la realidad y empecemos por reducir la cantidad de presos que están saturando las prisiones. Empecemos a distribuir las drogas a través de establecimientos autorizados y debidamente regulados, donde, a diferencia de los traficantes callejeros de hoy, la posibilidad de tener que vérselas con alguien que empuña una pistola sea virtualmente igual a cero. Admitamos que lo estamos haciendo mal, dirigiendo nuestros miedos y prejuicios contra ciertas drogas para cumplir unas políticas obcecadas que tienen efectos sociales nefastos».

También en España se han alzado voces paralelas. Sin ir más lejos, José María Mendiluce, en un artículo publicado en El País el 27 de marzo de 1995, afirmaba lo siguiente: «El informe recientemente publicado por la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes […] constata que en el último año, siguiendo la misma tónica que en años anteriores, se ha producido un marcado aumento del consumo de sustancias prohibidas, se han incrementado la violencia y la delincuencia, así como la peligrosidad en la lucha contra el narcotráfico, y, en lógica consecuencia, se aboga, se exige casi, continuar con la política de intolerancia, represión y victimización de millones de personas implicadas en la cadena de producción, distribución, consumo y terapia que se ha ido tejiendo en torno a las drogas prohibidas. Es obvio que el camino emprendido desde que se inició, bajo los auspicios de Naciones Unidas y en el marco de los acuerdos de Ginebra de 1963, la senda de la prohibición, ha demostrado no ser la vía que conduce a la superación del problema. Más bien —de continuar con la actual política de intolerancia y represión—, este camino conduce a un abismo cada vez más profundo. El empeño en no rectificar, por parte de los burócratas y responsables políticos de Naciones Unidas, se asemeja a una (involuntaria quizá) conspiración perversa de estos expertos y dignatarios, que en su ingenua y utópica ceguera quizá consigan que este abismo se vaya llenando, año tras año, de mayor número de seres humanos muertos, enfermos, encarcelados, perseguidos, marginados, prostituidos, camellos de poca monta, policías y militares corruptos, inductores arrepentidos, trabajadores sociales y sanitarios frustrados, y un largo etcétera de miserias».

En lo que respecta a las soluciones, Francisco Ayala, narrador y crítico español, publicaba en El País, el 18 de agosto de 1988, un artículo, titulado «La droga, entre la moral y el derecho», que concluía así: «Una cosa es evidente: la despenalización, si hubiera de efectuarse, tendría que llevarse a cabo de manera coordinada en todas partes. Decretada por un solo gobierno, convertiría de inmediato al país correspondiente en depósito franco para el comercio de la droga y centro de atracción de sus adictos. Sería, pues, indispensable poner en práctica de forma conjunta y concertada, quizá paulatina, acaso oficialmente controlada, la liberación de su venta. Pero ello requiere un acuerdo firme entre los gobiernos de los países afectados, y de modo principal Estados Unidos. Mi impresión, según veo las cosas, es que de ellos tal vez pueda partir también la iniciativa para rectificar el funesto error cometido cuando se quiso convertir al poder público en guardián de la moralidad privada».

El mismísimo Gabriel García Márquez, en su «Manifiesto a favor de la legalización de las drogas» (Cambio 16, 29 de noviembre de 1993), apuntaba que «la polémica sobre la droga no debería seguir atascada entre la guerra y la libertad, sino agarrar de una vez al toro por los cuernos y centrarse en los diversos modos posibles de administrar la legalización. Es decir, poner término a la guerra interesada, perniciosa e inútil que nos han impuesto los países consumidores y afrontar el problema de la droga en el mundo como un asunto primordial de naturaleza ética y de carácter político, que sólo puede definirse por un acuerdo universal con los Estados Unidos en primera línea. Y, por supuesto, con compromisos serios de los países consumidores para con los países productores». Podemos encontrar, a su vez, una interesante propuesta de acciones concretas encaminadas a la regulación de las sustancias ilegales en el portal de Internet Politicadedrogas.info, donde Santiago Tena presenta un método formal —la planificación estratégica— para intentar objetivar la respuesta ante el creciente uso de drogas ilegales, esbozando un posible plan de acción de alto nivel para cubrir la misión de preservar la salud pública.

Queda clara, pues, la necesidad de dar pasos en el sentido contrario a la represión que se viene fraguando en la actualidad, que debe tratarse de una acción conjunta por parte de varios Estados, y que la iniciativa habría de emanar de la primera potencia mundial. Como es muy poco probable que la patria del puritanismo reconozca su fracaso, quizás haya que esperar a que la situación caiga por su propio peso, o a que la presión por parte de los consumidores obligue a rectificar. No se puede bajar la guardia. Como afirmaba, a modo de colofón, Martín Barriuso en el seminario internacional «Exploring Global Prohibition Regimes. The Case of Dangerous Drugs», organizado y celebrado en The International Institute for the Sociology of Law, de Oñati (Guipúzcoa), del 20 al 22 de junio de 2001, «la prohibición goza de buena salud […], pero eso no significa que las cosas no puedan cambiar. La experiencia de los últimos años muestra que es posible poner en marcha programas novedosos de reducción de riesgos y abrir nuevas vías legales para la normalización, mediante la presión a escala local, permitiendo cambios descentralizados, discretos y efectivos. Ello exige un fino análisis de las estructuras de poder en materia de drogas en cada región, una estrategia clara y realista para enfrentarse a las mismas, métodos de acción flexibles y audaces y, sobre todo, mucha imaginación. El movimiento de oposición a la barbarie prohibicionista se juega el tipo frente a una estructura de poder compleja y bien defendida, dirigida por mentes lúcidas, armadas de información ingente y un adecuado nivel de cinismo e hipocresía, pero cuya principal debilidad es la de llevar demasiados años jugando en un tablero trucado y con el árbitro comprado. Esa misma naturaleza vetusta, ese carácter mastodóntico, es el talón de Aquiles de la prohibición de drogas, un muro ciclópeo cuyas piedras tal vez nadie pueda derribar de momento, pero por cuyas grietas pueden llegar a pasar muchos, a condición, eso sí, de que sean lo bastante flexibles».

Quien desee ampliar información puede encontrar una amplia selección de textos, artículos y titulares de prensa relacionados con el asunto, desde el año 1900 hasta nuestros días, en la página web del infatigable investigador histórico Juan Carlos Usó: Mundo Antiprohibicionista (http://perso.wanadoo.es/jcuso/).

DOMINGO SACRISTÁN, Igor (2006): «Manifiesto psiconáutico». Enteogenia. Revista libre de cultura y estudios psiconáuticos, n.º 1, mayo-junio de 2006.

http://www.manifiestopsiconautico.tk/

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ICEERS. CENTRO INTERNACIONAL PARA LA EDUCACION, LA INVESTIGACION Y EL SERVICIO ETNOBOTANICOS

ICEERS

CON FECHA 8 DE JULIO DE 2011, EN BARCELONA, SE PRESENTO A NIVEL OFICIAL, ICEERS.

VIDEO PROMOCIONAL

ENLACE A LA WEB
http://iceers.org/home.html?L=2



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CAMPAÑA CONTRA LA PROHIBICION DE LA AYAHUASCA Y LA IBOGA

CAMPAÑA CONTRA  LA PROHIBICIÒN DE LA AYAHUASCA Y LA IBOGA. ICEERS

NOTICIA IMPORTANTE

La Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) de la Organización de Naciones Unidas (ONU) acaba de publicar en su página web su informe anual sobre la situación de las drogas en el mundo en el año 2010. La JIFE incluye, dentro de sus puntos, algunas recomendaciones preocupantes, principalmente, una propuesta para que los gobiernos fiscalicen plantas tradicionales como la Ayahuasca (una cocción preparada con plantas tales como Banisteriopsis Caapi y Psychotria Viridis) y la Tabernanthe Iboga, entre otras, menospreciando sus importantes funciones como medicinas tradicionales, como sacramentos y como herramientas terapéuticas de uso transcultural (que son las principales aplicaciones que vienen dándose de estas medicinas tradicionales en sociedades de todo el mundo), y poniendo en peligro el avance de la investigación científica con estas plantas y el desarrollo de prácticas terapéuticas occidentales implementadas con plantas tradicionales. Desde ICEERS queremos manifestar nuestra seria preocupación respecto al doble juego de Naciones Unidas, que por una parte reconoce las prácticas indígenas que incorporan el uso de las plantas tradicionales (ver Artículo 24, página 9 de Declaración sobre los derechos de los pueblos indígenas), y desarrolla programas de protección del patrimonio cultural de dichas comunidades, mientras que, a la vez, propone prohibir estas especies botánicas en todos los países, tengan o no una tradición de uso. La alerta generada por la JIFE en relación a los riesgos que reportan asociados al consumo de este tipo de plantas está sesgada y no se corresponde con la literatura científica publicada a fecha de hoy. Los riesgos para la salud mencionados en su informe no pueden generalizarse a todo un conjunto de plantas con propiedades farmacológicas completamente diferentes -en su informe, todas las plantas de uso tradicional que mencionan están clasificadas erróneamente como ‘estimulantes o alucinógenos’- desligándolas de su contexto de uso. La bibliografía existente sobre los efectos de la Ayahuasca y de la Iboga no parecen concluir que existan ‘efectos adversos graves’ derivados de su consumo cuando se realiza en un contexto profesionalmente adecuado. La JIFE establece en ese mismo párrafo que, por definición, todo uso de estas plantas fuera de su contexto socio-económico original implica un ‘abuso’ o un uso ‘recreativo’; una afirmación que no se ve contrastada con la literatura publicada en el caso de plantas como la Ayahuasca y la Iboga, que son fundamentalmente utilizadas en contextos tradicionales, religiosos o terapéuticos, y de los que se desconoce un consumo ‘abusivo’ o ‘recreativo’, entendiendo por tales consumos los que se realizan fuera de los usos previamente mencionados. La JIFE, recomendando a los gobiernos la prohibición de estos materiales etnobotánicos, pone en peligro los derechos fundamentales de los pueblos indígenas que viven fuera de sus países de origen cuando usan estas plantas como parte de su práctica tradicional, tal y como ha ocurrido en diferentes países en los últimos meses. La JIFE, describiendo por definición el uso que de estas plantas se hace fuera de sus contextos socio-económicos como uso recreativo, sienta las bases para que los gobiernos y sus agencias reguladoras (mal)interpreten todas las actividades relacionadas con el uso de estas especies botánicas como uso problemático.

OLEADAS DE REPRESIÒN CERCAN A LA AYAHUASCA Y A LA IBOGA

A finales de 2009 se produjeron una serie de detenciones durante el transcurso de ceremonias con Ayahuasca en contextos tradicionales en España y Chile, los cuales fueron documentados por los medios de comunicación de forma propagandística y extremanente demonizadora. ICEERS se involucró en la defensa del caso Chileno, y realizó una petición a la JIFE el 4 de Marzo de 2010, pidiendo que se aclarara el estatus legal de la Ayahuasca de acuerdo al convenio de 1971 de sustancias psicotrópicas, sabiendo de la existencia de un fax con fecha de 2001, remitido por parte de la JIFE al Ministerio de Sanidad Holandés en el que se declaraba que la Ayahuasca en esas fechas no estaba sometida a fiscalización internacional. El 1 de junio de 2010, ICEERS recibió una respuesta de la JIFE confirmando que “ninguna planta o decocción que contenga DMT está actualmente sometida a control internacional.” En su carta, la JIFE añadía que “Algunos Gobiernos podrían, en cualquier caso, haber decidido establecer medidas de control para la Ayahuasca, ya que su uso ocasiona serios riesgos para la salud.” A día de hoy, que nosotros sepamos, Francia es el único país del mundo que explícitamente tiene fiscalizada la Ayahuasca dentro de su legislación interna. Como consecuencia de aquella afirmación de la JIFE, ICEERS pidió a uno de los miembros de su comité científico, José Carlos Bouso, experto en la materia, elaborar un dossier (1) con toda la información científica en relación a los riesgos del uso tanto agudo como crónico que comporta tomar Ayahuasca. Este dossier incluyó toda la literatura tanto clínica como de estudios de seguimiento publicados sobre la Ayahuasca. La bibliografía publicada hasta el momento arroja como conclusión que los riesgos en el corto, medio y largo plazo del uso de Ayahuasca, en contextos controlados, son muy limitados, encontrándose incluso en la literatura evidencias de potenciales beneficios psico-sociales a largo plazo. Revisiones comprehensivas sobre la seguridad de la ayahuasca pueden encontrarse en las siguientes publicaciones científicas: (2) y (3) En respuesta a la carta de la JIFE, se redactó una contestación en la que se comunicaba los resultados que ICEERS encontró tras el estudio del dossier mencionado, pero siguiendo el consejo de abogados y expertos en políticas de la Ayahuasca, ICEERS decidió no enviarla a la JIFE para evitar llamar la atención sobre el fenómeno de la globalización del uso de Ayahuasca, y tratar de prevenir así posibles reacciones desproporcionadas por parte de la JIFE en contra de dicho fenómeno. Durante los últimos meses se han producido varias detenciones en diferentes países de la UE, de los EE.UU. y en otros países en los que se venía realizando un uso religioso de la Ayahuasca, como es el caso que se da en el contexto de la Iglesia del Santo Daime, culto reconocido internacionalmente y protegido por las leyes religiosas de países como los EE.UU., Holanda, España y Canadá. También ha habido detenciones de personas que realizan ceremonias tradicionales. En las dos últimas semanas esta persecución ilegal que viola los convenios de la JIFE se ha materializado, por ejemplo, en España, en una operación persecutoria real en la que se han producido al menos ya cuatro detenciones. Por otra parte, en Perú, donde la Ayahuasca está reconocida como Patrimonio Cultural del país, se han producido también detenciones de personas acusadas de exportarla al extranjero. Los detenciones incluyen a indígenas que practican su tradición (tradición, por otra parte, explícitamente protegida por la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONU, citada anteriormente). En los EE.UU. también se han producido arrestos en ceremonias de la tradición Bwiti, una práctica tradicional del África Occidental en la que se utiliza la Iboga. Estas oleadas de represión en las que se está encarcelando a personas por utilizar plantas tradicionales que no están sometidas ni a fiscalización internacional, ni a fiscalización nacional en los países en los que se han producido esas detenciones, supone una alarmante preocupación por ser detenciones no sujetas a Derecho. Por ello es necesaria una respuesta contundente a estas actuaciones judiciales desajustadas respecto a la legislación internacional.

NUESTRO PROPOSITO

Nuestra propuesta es solicitar que, en colaboración con la comunidad científica, con las organizaciones que defienden los derechos de los pueblos indígenas a desarrollar sus rituales tradicionales, con las instituciones religiosas que han incorporado el uso de estas plantas en sus cultos, con las organizaciones que tienen dentro de sus objetivos la difusión de información contrastada acerca de estas plantas, con las organizaciones que promueven su uso terapéutico como herramientas utilizadas en contextos responsables y profesionales, y con todo ciudadano que considere que la JIFE está extralimitándose en sus funciones fiscalizadoras, que: • la JIFE rectifique su propuesta de fiscalización dirigida a los estados miembros de la ONU reflejada en el punto 287 del informe de la JIFE de 2010, y una vez rectificada se lo hagan saber a los representantes políticos de los países asociados, así como a sus respectivas agencias de control de estupefacientes. • La ONU reconozca tanto la utilidad empírica de estas especies botánicas como el importante valor cultural de la transmisión oral de su preparación ritual, ya que dicho conocimiento supone una herencia cultural transgeneracional. Por ello solicitamos a la ONU que proteja estos compuestos etnobotánicos así como sus diferentes prácticas transculturales considerándolas Patrimonio Cultural de la Humanidad con el fin de preservarlas de posibles intentos de erradicación.

ETICA&RESPONSABILIDAD

Por último, debido a que se ha producido un manifiesto incremento de personas que han tomado conciencia de las potencialidades terapéuticas de diferentes preparados botánicos tales como la Ayahuasca y la Iboga, la expansión de este fenómeno ha parecido atraer a individuos que buscan el lucro personal ofreciendo servicios que carecen de ética profesional, del cuidado adecuado y de la responsabilidad que implica desarrollar estas delicadas actividades; por ello, creemos que la solución a este problema debe basarse en la confección de códigos éticos elaborados por las asociaciones que agrupan a quienes desarrollan este tipo de prácticas, más que por regulaciones fiscalizadoras. Por ello pedimos también a la JIFE que invite a los gobiernos a parar las detenciones y a que, en lugar de proponerles fiscalizar estos productos etnobotánicos, les propongan establecer diálogos con los grupos que realizan estas prácticas. Ejemplos de que la elaboración de estos códigos éticos consensuados internamente es posible, pueden encontrarse en: (4), y páginas 31-37 de (5). Si usted comparte nuestras preocupaciones por el futuro de las prácticas etnobotánicas y de sus usos religiosos, tradicionales y terapéuticos, por favor, difunda esta información entre sus redes. Si usted desea juntar fuerzas con ICEERS,
por favor, haga click aquí. Envíe una petición a la ONU y la JIFE

JUNTA INTERNACIONAL DE FISCALIZACION DE ESTUPEFACIENTES (JIFE)
INFORME 2010


Declaración informe anual JIFE
284. Muchas plantas que contienen sustancias psicoactivas con propiedades estimulantes o alucinógenas, así como preparados elaborados con esas plantas, tienen usos tradicionales en algunos países o regiones, por ejemplo, en ritos religiosos. De conformidad con la Convención de 1961 y de esa Convención enmendada por el Protocolo de 1972, las plantas que son fuente de estupefacientes, como la de cannabis, la adormidera y el arbusto de coca, están sometidas a medidas de fiscalización específicas. En cambio, aunque algunos ingredientes activos con efectos estimulantes o alucinógenos contenidos en ciertas plantas están sometidas a fiscalización en virtud del Convenio de 1971, actualmente no hay ninguna planta fiscalizada de conformidad con ese Convenio ni con la Convención de 1988. Tampoco los preparados (por ejemplo, las decocciones para consumo oral) elaborados a partir de plantas que contienen esos ingredientes activos son objeto de fiscalización internacional.
285. Algunos ejemplos de esas plantas o materiales vegetales son el khat (Catha edulis), cuyos ingredientes activos catinona y catina están incluidos en las Listas I y III del Convenio de 1971; la ayahuasca, un preparado de plantas originarias de la cuenca del Amazonas, principalmente la Banisteriopsis caapi (una enredadera de la selva) y otra planta rica en triptamina (Psychotria viridis) que contiene varios alcaloides psicoactivos como la DMT; el peyote (Lophophora williamsii), que contiene mescalina; los hongos alucinógenos (Psilocybe), que contienen psilocibina y psilocina; la efedra, que contiene efedrina; el kratom (Mitragyna speciosa), una planta originaria del Asia sudoriental que contiene mitraginina; la iboga (Tabernanthe iboga), que contiene el alucinógeno ibogaína y es originaria de la parte occidental del África central; variedades de Datura que contienen hiosciamina (atropina) y escopolamina; y la Salvia divinorum, una planta originaria de México que contiene el alucinógeno salvinorina-A.
286. La Junta advierte un interés cada vez mayor en el consumo recreativo de esos materiales vegetales. Además las plantas de los que se extraen a menudo también se utilizan fuera de su contexto socioeconómico original para explotar a los drogodependientes. Dado que se pueden transportar rápidamente por vía aérea hacia cualquier país del mundo, el consumo de esas plantas o de los preparados elaborados a partir de ellas ya no se limita a las regiones donde crecen las plantas, ni a las comunidades que los han consumido tradicionalmente. Los posibles consumidores vienen utilizando la Internet para informarse directamente de las propiedades estimulantes o alucinógenas de algunos de esos materiales vegetales, del hecho de que no están sometidos a fiscalización internacional y de los sitios web donde pueden adquirirlos. El resultado ha sido que en muchos países se ha advertido un aumento del comercio, el consumo y el abuso de esos materiales. La utilización de esos materiales puede tener efectos adversos para el consumidor como náuseas, vómitos, somnolencia, envenenamiento y experimentación de vivencias pasadas. Además, la disminución de ciertas capacidades derivada del consumo de esos materiales vegetales por una persona puede tener consecuencias graves para el bienestar de otras personas, consecuencias que son similares a las de conducir bajo la influencia de sustancias psicoactivas.
287. La Junta observa que, en vista de los riesgos para la salud que conlleva el uso indebido de ese material vegetal, algunos gobiernos han sometido a fiscalización nacional determinados tipos de esos materiales y preparados vegetales. La Junta recomienda a los gobiernos que todavía no lo hayan hecho, y que hayan experimentado problemas con personas que practican el consumo recreativo o el tráfico de esos materiales vegetales, que se mantengan vigilantes (pues los riesgos asociados con ese consumo pueden aumentar) y que notifiquen a la Junta y a la OMS esos problemas. La Junta recomienda también que los gobiernos consideren la posibilidad de fiscalizar esos materiales a nivel nacional, si la situación lo requiere.

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LA IBOGAINA

La Ibogaína


La mayoría de las plantas alucinógenas (o psicodélicas) provienen de América del Sur, y del Norte. Las consumen sobre todo los indios de Colombia y México, aunque el uso ritual no se restringe al continente americano. La tribu africana fang mantiene vivo el culto de la Iboga, la principal planta alucinógena que  proviene  de África y cuyas raíces permiten fabricar una bebida que algunas tribus del África Occidental consumen en rituales religiosos. Este fuerte alucinógeno del bosque tropical de Gabón es un elemento esencial de la religión bwiti. La Ibogaína es el nombre que se da al principio activo de la planta Tabernanthe Iboga.

La corteza de la raíz de la Tabernanthe Iboga, pequeño arbusto florido pariente lejano del café, en África y Sudamérica, contienen la ibogaína, un enteógeno. La raíz es usada allí por las etnias fang, mitsogo y otras, en Gabón, Camerún y Guinea Ecuatorial, en el culto mbuiti o bwiti _”de los antepasados”_ de aparente origen pigmeo. La Eboka es un alucinógeno sagrado (enteógeno: en= dentro, theos= dios, geno= generado) o sacramento, alrededor del que se desarrolla el culto. Este presenta muchos elementos de sincretismo con el catolicismo y múltiples similitudes con algunos rituales masónicos de iniciación, especialmente las versiones fang.

El efecto de esta planta deslumbra y llena de esperanza por sus virtudes curativas, en el caso de que nuestros científicos se decidieran a investigarla. La ibogaína, según sea su dosis es, sobre todo, un poderoso afrodisíaco. A mayor cantidad deviene en sustancia visionaria. Tal vez esta sea una de las pocas plantas, entre las múltiples que se proclaman afrodisíacas, que cumple con lo que pregona. El alcaloide no se aisló hasta 1901 y ya se hablaba de la cura de la impotencia masculina y la anorgasmia femenina. Actualmente la etnia fang, en Gabón, es la única que sostiene un «culto alucinógeno africano auténtico», el bwiti, tomando como base la planta Iboga. Bwiti significa arte de curación y es la fuerza de cohesión de los fang. Su situación legal en España y en muchos países sigue siendo totalmente legal.

Aunque son alcaloides aislados o plantas psicoactivas, se caracterizan por no generar dependencia alguna, física o psíquica. Se trata de una nueva categoría: “los interruptores de adicciones”, cuyo modo de acción se está tratando de dilucidar.

La nueva e insólita propuesta es tratar la dependencia a sustancias con otras sustancias. Nada nuevo, parece. Salvo que no se trata de sustitutos, como la metadona para la heroína, ni aversivos como el disulfiram contra el alcohol, ni tampoco antídotos como la naloxona para con la morfina y otros opiáceos. Tampoco son análogos o parientes, como la cafeína (del café) con la teína (del té), la teobromina (del cacao) y la mateína (del mate), todas xantinas y creadoras de dependencia.

Ha sido descrita como un posible tratamiento de la dependencia a los opiáceos, después de que heroinómanos constatasen que una única dosis de esta sustancia les permitía abandonar sus necesidades de heroína. Las terapias de Iboga han resultado ser exitosas en el tratamiento de adicción así como de otros desórdenes causados por traumas o problemas psicológicos. Los ensayos con animales han mostrado una cierta eficacia.

Está siendo estudiada pre-clínicamente en varios centros de investigación, pero está en uso, aunque fuera de los Estados Unidos. Tres patentes norteamericanas protegen su uso como interruptor de adicciones a nombre de H. S. Lostsof, quien percibió por primera vez ese efecto en varios heroinómanos, hace ya 35 años. Pero no sólo interrumpe la dependencia, sino que minimiza el síndrome de abstinencia. La ibogaína venerable anciana con cien años de historia científica, es una interesante sustancia, que figura en las listas oficiales de estupefacientes como “sin uso médico”. Una cruda investigación inicial propugnó su uso terapéutico y su reconocimiento legal, que tarda en llegar.

Sin embargo, resulta que no existe ningún interés por parte de las compañías farmacéuticas para considerar su introducción en el sistema formal de salud. Es muy probable que ello se deba a que la Iboga no tiene potencial financiero alguno, puesto que el verdadero interés de nuestro sistema de salud no radica en el esfuerzo de solucionar problemas de adicción.

Igualmente algunos participantes han reportado la cura de la Hepatitis C tras la ingesta de la Iboga.

LOS CULTOS DE LA IBOGA EN EL ÁFRICA TROPICAL

El primer examen antropológico significativo de la tabernathe Iboga en la actualidad es el de James W. Fernández, quien estudió su función en los cultos Bwiti y MBieri de los fangs de Gabón en el contexto más amplio de los movimientos religiosos nativos y reformistas africanos. Lo que sigue está basado en una conferencia publicada por él mismo en 1972.

En la lengua de los fang la T. Iboga es llamada Eboka. El principal alcaloide activo está concentrado en la corteza de la raíz, que es la que los fangs emplean para su enervación estática ya sea como raspadura, molida hasta formar un polvo o empapada con agua y bebida en infusión. La cantidad de consumo de la planta depende del contexto. La manera normal es ingerir pequeñas dosis de Eboka (dos o tres cucharadas para mujeres, y de tres a cinco para los hombres) en forma de polvo antes y durante las primeras horas de la ceremonia.

La segunda manera consiste en tomar dosis verdaderamente masivas una o dos veces durante la evolución del participante en el culto con propósitos iniciáticos y para “abrir de golpe la cabeza”, pues así se puede efectuar el contacto con los ancestros. Las dosis normales llegan a unos 29 gramos en total, conteniendo de 75 a 125 mg. de ibogaína, suficientes para producir el deseado sueño estático en el cual uno viaja por fuera del cuerpo hacia Otros Mundos, donde moran los ancestros y se aprende a hacer su trabajo. La dosis masiva de la iniciación es muchísimo mayor.

IBOGA EN OCCIDENTE

Los primeros europeos que descubrieron la planta en el Camerún, a principios de este siglo, fueron científicos franceses y alemanes. En 1962 Howard Lostsof, entonces heroinómano, ingirió una dosis de Ibogaina con el fin de tener una experiencia psicodélica. Muy sorprendido, 36 horas después, parece que se encontró desintoxicado de su dependencia sin haber experimentado síntomas de abstinencia a la heroína. Entonces quiso administrar a seis de sus amigos la Ibogaína. Cinco de ellos vivieron idéntica situación. Lo que le movió a fundar la (The International Coalition for Addict Sell-Help) que tiene su sede en Staten Island, en la ciudad de Nueva York.

Algunos pacientes fueron tratados en Holanda, con dosis únicas de Ibogaína y sesiones de psicoterapia de apoyo, durante algunas semanas. Una investigación más rigurosa se llevó a cabo en la Universidad de Miami, Florida. Se demostró que el tratamiento con Ibogaina a ratas de laboratorio adictas interrumpía su auto-administración de drogas. Otros estudios confirmaron el bajo poder tóxico de esta planta. Se carece en la actualidad de estudios paralelos en seres humanos. Pero un decreto americano de 1960 margina la Ibogaína como sustancia ilegal, a consecuencia del “peligro potencial de causar dependencia”.

LA IBOGAÍNA COMO TERAPIA

Los efectos duraderos de la Ibogaína parecen provenir de un reequilibrio neurológico y psíquico marcado por tres fases:

1.)   La emergencia de experiencias rechazadas o olvidadas;
2.)   La valoración consciente de esos recuerdos;
3.)   La integración y toma de conciencia.

Aunque la Ibogaina tenga la reputación de provocar alucinaciones como el LSD o la mezcalina, los que la han experimentado no las describen como tales, sino que dicen: “son las escenas más significativas de tu vida como si fueran secuencias cinematográficas. Con la ventaja que puedes detener la película voluntariamente”. En cada tratamiento personalizado se pueden describir tres metas:  1-Actividad contra la dependencia; 2-Búsqueda personal ligada a un análisis del “yo”, 3-Experiencia metafísica.

Con la ayuda de un terapeuta experimentado se pueden profundizar ciertos resultados, haciendo una retrospectiva, a fin de mejorar su comprensión. De las 75 personas que se sabe han realizado este tratamiento, un 75% cesó todo consumo de drogas durante 6 meses. El éxito depende fundamentalmente de las experiencias psicológicas y espirituales que emergen durante el tratamiento. Las dificultades se plantean a partir de la ausencia de reconocimiento oficial a estas terapias.

LA EXPERIENCIA MUERTE RENACIMIENTO

Como las experiencias de los chamanes, de los iniciados en ritos de transición y los neófitos de los antiguos misterios, estos procedimientos rituales ofrecían la posibilidad de confrontarnos con nuestra impermanencia y mortandad, trascendiendo así el miedo a la muerte y transformando de forma radical la estancia en esta vida.

Las experiencias de muerte y renacimiento psicoespiritual, parecidas a las de los chamanes y a las de los antiguos ritos de paso, jugaban también un papel importante en los antiguos misterios de muerte y renacimiento. Existían en muchos lugares del mundo y se basaban en historias mitológicas de deidades que simbolizaban la muerte y el renacimiento, como Inanna y Tammuz, Isis y Osiris, Plutón y Perséfone, Dionisos, Atis y Adonis, o el azteca Quetzalcoalt y los Héroes Gemelos Mayas. Dichas religiones mistéricas se extendieron ampliamente y jugaron un papel importante en el mundo antiguo.

La popularidad de las religiones mistéricas es evidente en el hecho de que el número de iniciados que participaban cada cinco años en los misterios de Eleusis, se ha estimado en más de tres mil. El himno homérico a Démeter, poema épico anónimo, escrito aproximadamente en el siglo VII a. C., elogiaba así los misterios: “Aquel de los hombres que camine sobre esta Tierra y haya visto estos Misterios, estará bendecido, pero aquel que no haya sido iniciado y no haya participado en el ritual, no recibirá el mismo provecho que los otros una vez haya muerto y more en el reino donde el sol se oculta”.

El poeta griego Píndaro escribió acerca de la iniciación de Eleusis: “Bienaventurado aquel que habiendo visto estos ritos, emprende el camino que va al submundo. Él conocerá el final de la vida, así como su nuevo comienzo, garantizado por los dioses”. Igualmente, el testimonio del gran dramaturgo y poeta trágico, Sófocles, confirma el profundo impacto que la sobrecogedora experiencia de los misterios eleusinos tenía sobre los iniciados: “Triplemente dichosos son aquellos mortales que, tras haber participado en los ritos, parten hacia el Hades; únicamente a ellos se les garantiza que tendrán una verdadera vida en él. Para el resto, todo lo que allí se encuentra es maligno”.

Mientras que el mito homérico y las afirmaciones de Píndaro y Sófocles mencionaban la importancia de los misterios en el contexto del encuentro con la muerte, el famoso filósofo romano, hombre de estado y jurista Marco Tulio Cicerón, acentuó también en De Legibus el impacto que esta experiencia tuvo en su vida y en las de muchos otros: “No hay nada más elevado que estos misterios. Han mejorado nuestro carácter y suavizado nuestras costumbres; nos han ayudado a pasar de ser salvajes a convertirnos en verdaderos seres humanos. No sólo nos han enseñado a vivir dichosamente, sino que también nos han  enseñado a morir con esperanza” (Cicerón, 1977).

La descripción de los recursos que tenía a su disposición el moribundo en las culturas preindustriales, no sería completa si no mencionáramos los libros de los muertos como el Bardo Thödol tibetano, el Pert me hru egipcio, el Codex Borgia azteca, o el Ars Moriendi europeo. Cuando los eruditos occidentales tuvieron conocimiento de los antiguos libros de los muertos, los consideraron como descripciones ficticias del viaje póstumo del alma y como invenciones ilusorias de personas que eran incapaces de aceptar la triste realidad de la muerte. Se les clasificó en la misma categoría que a los cuentos de hadas; como creaciones imaginarias de la mente humana con cierta belleza artística, pero sin base alguna en la realidad y sin importancia práctica.

Un estudio más profundo de estos textos, revela que se utilizaban como guías en el contexto de los misterios sagrados y en las prácticas espirituales, y que describen muy acertadamente las experiencias de los iniciados y practicantes. Desde esta nueva perspectiva, presentar los libros de los muertos como manuales para el moribundo parece ser simplemente una treta ingeniosa de los sacerdotes para disfrazar su función real y ocultar a los no iniciados el significado esotérico más profundo y su mensaje.

Los estudios tanatológicos de los estados cercanos a la muerte, mostraron que las experiencias asociadas con situaciones que ponían en peligro la vida tenían una enorme semejanza con las descripciones de los antiguos libros de los muertos, y con las que describían los sujetos durante las sesiones psiquedélicas y las de la moderna psicoterapia vivencial. El más notable de estos descubrimientos fue la observación reiterada de que la conciencia podía captar el entorno cercano y otros entornos lejanos, aún cuando estaba fuera del cuerpo.

Estas observaciones confirmaron una afirmación del Bardo Thödol tibetano que anteriormente parecía fantasiosa y absurda. Según dicho texto, al morir dejamos atrás las limitaciones del cuerpo físico y habitamos un cuerpo bardo. Bajo esta nueva forma, podemos viajar libremente a cualquier lugar de la Tierra y, al mismo tiempo, seguir percibiendo nuestro entorno. La actual investigación de la consciencia nos demuestra que los antiguos textos escatológicos son en realidad mapas de territorios internos de la psique cuando ésta se encuentra en estados no ordinarios profundos, incluidos los relacionados con la muerte biológica.

Es posible pasar toda la vida sin experimentar estos planos, o incluso sin ser siquiera conscientes de su existencia, hasta que nos vemos catapultados a ellos en el momento de la muerte biológica. Sin embargo, algunas personas pueden explorar este territorio vivencial mientras aún viven. Entre las herramientas que permiten esto, están las sustancias psiquedélicas, poderosas psicoterapias vivénciales, la práctica espiritual continuada y la participación en rituales chamánicos como el de la Iboga u otras substancias enteogénicas como la ayahuasca, el peyote, la mescalina etc.

Todas estas situaciones ofrecen una profunda exploración vivencial de los territorios internos de la psique en un momento en que nos encontramos fuertes y sanos; de esta manera, el encuentro con la muerte no llega como una sorpresa inesperada cuando se produce el fallecimiento biológico. El clérigo alemán agustiniano Abraham de Santa Clara, expresó de forma sucinta la importancia de la práctica vivencial de la muerte: “El hombre que muere antes de morir, no muere al llegarle la muerte”.

Este “morir antes de morir” tiene dos importantes consecuencias: nos libera del miedo a la muerte y cambia nuestra actitud respecto a ella. Esto facilita considerablemente nuestra experiencia cuando dejamos realmente nuestro cuerpo en el momento final. Al mismo tiempo, eliminar el miedo a la muerte también transforma nuestra manera de estar en el mundo. No existe, por tanto, una gran diferencia entre la preparación para la muerte y su desenlace, y la práctica espiritual que lleva a la iluminación. Por este motivo, los antiguos libros de los muertos pueden utilizarse en ambas situaciones y los ritos de paso chamánicos cumplen idéntica función.

La importancia psicológica y espiritual de participar en la  experiencia-ritual con la Planta Sagrada Iboga no se reduce, por tanto, solo al ámbito de ayudarle a un toxicómano a pasar el “mono” o síndrome de abstinencia. Estos son los más evidentes para personas que usualmente tienen que pasar varios días o semanas de sufrimiento antes de sentir los efectos positivos de un cuerpo desintoxicado y libre de dolores. Sus implicaciones, no obstante, son mucho más amplias tanto para el toxicómano como para un individuo sin  problemas de dependencias.

Los participantes en un ritual con la Iboga suelen relatar vivencias parecidas a las anteriormente mencionadas, diversos sucesos de sus vidas como el revivir traumas (incluidos del nacimiento), recuerdos de una gran carga emocional, accidentes, experiencias cumbre de muerte-renacimiento con los subsiguientes sentimientos de unidad cósmica, confrontación con recuerdos de anteriores encarnaciones o encuentros con antepasados, conocidos y/o desconocidos. Todas estas vivencias contribuirán, sin duda,  a transformar en profundidad a la persona para poder vivir una vida más plena y consciente de sí mismo y de su entorno vital y apreciar su entorno vital de una manera nueva y gratificante.

(Documentación recopilada y reelaborada por J. Díaz Marqués)



http://www.onirogenia.com

IBOGA. LOS HOMBRES DE LA MADERA



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